viernes, 24 de septiembre de 2021

Manolo y Pepe


Se mire como se mire es bastante absurdo que sigamos a cuestas con el accidente que tuvieron Manolo y Pepe en Monza —uso nombres ficticios por aquello de preservar su identidad—. A mi modo de ver fue el típico incidente de carrera protagonizado por dos gilipuertas, que, conviene recordar, sabios más grandes que yo también coinciden en verlo así aunque eviten llamar a Manolo y Pepe por el calificativo que merecen.

El día de autos Pepe venía a toda pastilla por la recta principal porque lideraba el cotarro y tiempo antes su equipo le había endilgado una parada de toma pan y moja y estaba avisado de que Manolo salía de parranda después de la suya. A éste, sus mecánicos le habían encalomado un paso proterbo por boxes aunque menos malo que el que le habían metido los suyos a Pepe, de manera que Pepe y Manolo se encontraron en pista un poco inevitablemente, o un mucho, a saber, ya que se juntaban el hambre con las ganas de comer, lo típico de un lance, vamos.

Pepe llevaba el doble de velocidad que Manolo y gomas metidas en calor, no como las de Manolo, que estaban frías, pero Manolo tenía la posición y la hizo valer frente a Pepe en plan a ver si tienes huevos de pasarme y Pepe se dijo para sí te paso por mis santas avellanitas y se lió parda, lo normal en un incidente.
 
El caso es que el Director de Carrera decidió que había que castigar a alguien y eligió a Pepe, que era quien iba rápido y en formación de combate, en vez de pedir explicaciones a Manolo, que, recordemos, salía más lento y con los compuestos lejos de su temperatura óptima y se metió en la trayectoria de Pepe quién sabe si por tocar las narices y dirimir sobre el asfalto quién de los dos la tenía más grande.

Pepe podía haber dejado sitio a Manolo para zampárselo en la Variante della Roggia, pero como en vez de cerebro tiene un higo eligió no llegar muy lejos. Manolo también podía haber dejado espacio a Pepe pero estaba por ver que se hubiese recuperado de acto tan caballeroso, lo que, en sentido estricto, le señala con un puntito de malicia estúpida que el Director de Carrera debió haber tenido en cuenta.

Los incidentes son así. Todo el mundo tiene su cuota de responsabilidad y todo el mundo es inocente y culpable a partes iguales. ¿Se podía haber evitado? ¡Claro!, este tipo situaciones son evitables e inevitables como la suerte del minino de Schrödinger, si no, no se considerarían incidentes. 
 
Lo que no tuvo un pase fue la actitud del Director ni los comentarios posteriores de Jean Todt, monsieur Le Président, no por el merequetén que fomentaron, más bien porque nos habrían ahorrado el bochornoso espectáculo de ver a todo un Manolo victimizado artificialmente, quejándose de que Pepe se bajó de su auto y ni se molestó en comprobar si él se había hecho pupita, cuando en Silverstone, con Pepe en el hospital, Manolo se sacrificó por el espectáculo y, con tal de no empañar el júbilo de sus seguidores, celebró su victoria a lo grande y como si no hubiera mañana.

Os leo.

2 comentarios:

  1. Si como apodos hubieras escogido 'Zipi y Zape' en lugar de 'Manolo y Pepe' este artículo ya hubiera entrado en el salón de la fama del cómic rústico castizo español. ;P.

    Qué gran homenaje a los gañanes por parte de Tellaetxe alias 'el Ibáñez' oiga!

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  2. Y luego viene la justicia poética de que Pepe sale de la siguiente carrera con una desventaja mínima por solventar la sanción y Manolo aún tendrá que penalizar. "Er carma no ay que aserlo, se ase solo".

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