sábado, 15 de agosto de 2020

El triunfo de la facilidad


No deja de aflorar cierta moraleja en que escriba aquí sobre Hamilton y su última pole mientras se libra una bonita batalla en Spa-Francorchamps, con meteorología cambiante y una normativa que trata de dar opciones a los equipos menos pudientes, y en Indianápolis se pelea sin cuartel por una posición en parrilla...

Lewis no tiene ninguna culpa. Por aquello de ser honestos, cabe decir que la responsabilidad es de aquellos que han convertido la máxima disciplina del automovilismo deportivo en una gigantesca zona de confort en la que nadie renuncia a sus mullidos almohadones mientras el aficionado empieza a perder la paciencia y esa sensación, desgraciadamente antigua, de que los mejores no temen a sus rivales porque pueden vencerlos con manos, cabeza, y coche, por supuesto. Al británico no le hace falta nada de lo que está sucediendo a su alrededor, pero se le ve comodorro al tío, tanto que ni se molesta en ocultar que está hecho de otra pasta.

Os leo.

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