martes, 28 de abril de 2020

Adiós, Michael


Todo humanidad y manda cojones que el mejor homenaje que nos queda de Michael sea aquella serie de spots que hizo para ING, en la que de puro ser él mismo desbordaba la esencia del mensaje.

David Ogilvy no confiaba ni en los jingles ni en las personalidades para promocionar un producto. Pecado capital de la publicidad o excesivo cariño del publicista que parió la campaña, nos queda de ella el ser entrañable que quiso quedarse porque en el campo le llamaron ¡torero, torero!, que no quería volver a Inglaterra porque aquí, en esta España profundamente acomplejada, él encontró su lugar sobre la Tierra.

Hoy no hay lágrimas sino infinito agradecimiento cuando escribo estas líneas. Su anuncio a finales de 2018 de que un cáncer lo devoraba sin remisión, sólo podía tener un final feliz. Los hombres buenos no dejan tras de sí malas palabras y Michael Robinson, fiel a su infinita estatura humana, sólo deja buenos recuerdos.

Descansa, en paz...

No hay comentarios:

Publicar un comentario