sábado, 3 de febrero de 2018

Comandante Maurizio


Tampoco hace falta que os pongáis así de alegres ni que aplaudáis tanto. Se puede hablar de Fórmula 1 y existe una cierta obligación moral de hacerlo cuando la agenda viene marcada... ejem, ejem... ya sabéis a qué me refiero.

Si no escribiese tanto seguramente podría limitarme a hacer como la mayoría, a pensar que es sábado por la noche y no lee nadie, a imaginar que con la liga o cualquier otro entretenimiento no hace falta hablar de este coño deporte, y desistiría de seguir lanzando al mar mensajes en el interior de una botella, con lo cual, la vida me pasaría por encima sin entender qué demonios sucede a mi alrededor.

Por suerte para mí y los que así y todo me leéis a diario o en modo delay, me divierto con este ejercicio inútil, oteando el horizonte por ver dónde está el maestro de marionetas y qué hilos anda tocando el muy cabrón. Así las cosas, en la medida de mis posibilidades os he ido avisando de qué fibras está hecha la Silly Season y cómo, en el fondo, funciona como el mecanismo de un chupete. Siempre, todas las temporadas, incluso aquellas en las que todavía no le había encontrado el tranquillo.

Pasadas las efervescencias de la Rolex 24 at Daytona con la participación estelar de Fernando Alonso —ya, ya, su presencia no era lo importante—, olvidado ya el Dakar que ganaron Carlos Sáinz y Lucas Cruz, el Montecarlo se nos moría en los brazos por inanición informativa. Y a la espera de que comencemos a ver los monoplazas de este año y tal vez porque resulta complicado arrinconar los hábitos, los modos de proceder y los de tela, nuestras Biblias del motorsport han preferido disparar salvas en honor de una caja de Pandora que como se abra con tanto ruido, a lo peor nos descubre un infierno —menor, of course!— que puede helarnos la sangre, como el que se destapó por una periodista infiltrada en una tristemente conocida fiesta benéfica para ricos en Londres.

Voto a Bríos, pido a Teutates que nos proteja y ruego a nuestro Altísimo cristiano que todo esto pase pronto, aun a sabiendas de que en el bombo de chorradas saldrá pronto la bola de Ferrari.

Todas las campañas sucede, pero ésta, y con mayor razón que otras, está cantado que Maranello protagonizará las portadas de estos días que quedan hasta que El Circo empiece a rodar sus primeros pasos en Barcelona.

He pasado media tarde repasando hemeroteca de estas mismas fechas pero del año pasado. La italianización iba a pasar factura entonces a la rossa, pena que para que se cumplieran los pronósticos hiciese falta que el SF70-H saliera tan malote como aventuraban los analistas de frigoríficos después de haber leído la Autosport. Empero, Mattia Binotto había sabido recoger el testigo de James Allison y había parido una bella criatura que permitiría a Sebastian Vettel dominar el primer tercio de la sesión 2017, y defenderse de los de Brackley cuando, posteriormente, las cosas no pintaron tan bien.

El RB13 de Adrian era el demonio en enero de hace doce meses... con eso creo que lo digo todo. Pero precisamente por haber sido la candidata tapada de la temporada que hemos dejado atrás, Ferrari se convertirá de aquí a unos días en la vedette de las portadas británicas, y por ende, de las nuestras.

¿Parece sencillo? Es que en realidad lo es, y mira que lamento decírsolo así, a las bravas y sin anestesia.

Os comentaba antes que este fenómeno es más simple que el mecanismo de un chupete, pero para qué amargaros la fiesta. Ferrari es un fijo en la quiniela de la pretemporada y por las razones que he expuesto más arriba, este año con más fuerza y razón. A Maranello le va a tocar aguantar lo que no está escrito hasta el Gran Premio de Australia, y por eso el Comandante Maurizio se está dejando ver poco, más bien nada. Marchionne ya puso las tildes sobre las íes: el coche de este año es una mierda o un monstruo. Los chicos están tranquilos, pero a quien le va a tocar bailar el peor tango es a Arrivabene y a Sebastian y a Kimi.

Red Bull va a estar encima, y a saber qué escudería no querrá dejar sola a la de Milton Keynes. Lo de don Sergio es relativamente sencillo: se pasa por la fabrica y va y dice lo que se le ocurre cuando los chicos de la prensa le ponen la alcachofa cerca de la boca. Pero lo de Maurizo resulta tela marinera, canela fina, que dicen por el sur. Su puesto ya está en entredicho después de la mierda de 2017 que nos hemos tragado los tifosi, para qué vamos a negarlo, y con la Espada de Damocles apuntando a su cogote, bajo su responsabilidad queda que 2018 salga bueno, mediocre o para olvidar... de nuevo.

No le arriendo la ganancia a nuestro estanquero, que diría Charly, pero de sus luces y altura de miras dependemos los que pretendemos seguir soñando en frecuencia rossa. Van a hablar de nosotros, nos acusarán de cualquier cosa, pero sea cual sea el desenlace, que les vayan jodiendo a los plumillas británicos, que ya podrían enfocar sus articulitos de fondo en Williams o en Red Bull, o a dedicarlos a mirar bajo los sayones de Brackley para explicarnos cómo es posible que después de cuatro años y un cambio de reglamento, Mercedes AMG siga siendo la niña bonita del cuento.

Os leo.

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