sábado, 11 de noviembre de 2017

Mercedes-Benz resiste y hay claves para comprenderlo [27-03-2017]


Resulta curioso los sencillo que parece todo luego de aplicar una pequeña dosis de actitud crítica y todo el sentido común del que eres capaz. Lo cierto es que habíamos perfilado desde mediados de 2016 y aquí mismo, en Nürbu, las líneas maestras del devenir de la campaña 2017, y después de la pretemporada y la primera carrera del calendario, las piezas comenzaban a encajar aunque convenía ir explicando qué sucedía... Escribía en MotorPoint.


No existe deporte profesional en el mundo con el magnetismo de la Fórmula 1, es por ello que no hay nada sobre la Tierra parecido a ganar un Mundial de Pilotos, y quizás en este primer párrafo resida la razón última del por qué Nico Rosberg decidió retirarse con tan sólo 31 años y todo un futuro por delante.

Podría extenderme sobre este aspecto y tratar de analizar la magnitud del fenómeno con vosotros, pero ni el tamaño de este artículo ni su propósito lo recomiendan. Dejémoslo entonces en que el aficionado percibe que está viendo la punta de un iceberg cada fin de semana de carreras, pero, a la vez, intuye que la superficie del mar oculta una verdad que seguramente no conocerá en su vida. Obviamente hay quien se toma todo esto a la ligera, quien prefiere verlo en base a equivocaciones y aciertos, a errores garrafales y milagros, o atribuyendo las consecuencias a una serie de casualidades más o menos azarosas, en vez de atender a las evidentes y numerosas causalidades que nos describen un escenario tan gigantesco como inabarcable.

No, el éxito en Fórmula 1 no consiste sólo en hacer un gran coche o un gran motor para que lo conduzca la estrella del momento. Se basa también en planificar meticulosamente el asalto al trono, controlando, de paso, los múltiples y oscuros intereses que afectan a la actividad y de vez en cuando afloran como invitados a los que no ha llamado nadie.

Como sucede en todo quehacer que explota comercialmente un espectáculo deportivo, en nuestro deporte hay intereses, a veces inconfesables, lo que ocurre a diferencia de otros ámbitos, es que aquí un selecto grupo de multinacionales baja a la arena del circo sin miedo a mancharse las manos y con el único objetivo de dominar a sus rivales por las buenas o las malas, ya sea en pista o los despachos, o en los dos sitios, haciendo uso, a veces, de métodos que harían palidecer a los utilizados por potencias contrincantes en un conflicto bélico.

No es cuestión de extenderme, pero cuando se me pregunta por cómo es posible que Mercedes AMG (equipo oficial de Mercedes-Benz) siga jugando en otra liga a pesar de que la normativa que hemos estrenado este año beneficiaba sobre el papel a otras plataformas como Red Bull, sólo me queda decir que la anglo-germana ha hecho el mejor trabajo global que cabía imaginar, y que seguramente, la F1 no estaba preparada para tamaño despliegue.

Ferrari ha vencido en Melbourne (Gran Premio de Australia), pero buena parte de la victoria italiana se debe a que Brackley ha metido demasiado pronto a Lewis Hamilton a garajes para su primer y único cambio de gomas. Sea como fuere, el de Tewin y su compañero Valtteri Bottas han copado los escalones secundarios del podio, haciendo de guardias de honor de Sebastian Vettel.

¿Qué hay detrás…?

Detrás hay una planificación que ha atendido lo mismo a conseguir ventaja que a evitar que la consiguiesen los rivales. El asunto no ha consistido sólo en hacer una unidad de potencia híbrida que hoy por hoy no tiene parangón ni nadie que le haga sombra. Hay mucho trabajo de planificación, tanto que haciendo caso Bernie Ecclestone y a Luca Cordero di Montezemolo, deberíamos retrotraernos a 2007, cuando Mercedes AMG ni existía.

Aquel año, el hoy gerente deportivo de la Fórmula 1 en Liberty Group era un simple ex de Ferrari que acabaría recalando al año siguiente en Honda Racing F1 Team para ayudar a levantarla, pero Stuttgart ya tenía diseñado entonces su modelo de UP híbrida…

Honda abandona el campeonato a finales de 2008 y Brawn se hace con la sede de Brackley por el módico precio de 1 libra y el compromiso de la japonesa de correr con la mayoría de gastos durante 2009 a cuenta de los emolumentos correspondientes a los derechos televisivos. Esa temporada, Brawn y su nueva escudería Brawn Grand Prix, vencen en el Mundial de Marcas y Pilotos y obtienen por ello puesto con derecho a voto en el Grupo de Estrategia de la FIA (en aquella etapa: Working Group).

Pero Brawn GP desaparece porque es comprada por Mercedes-Benz, lo que dará lugar a que, en 2010, la alemana goce de una ventaja estratégica y un poder que no se corresponden con los de un equipo nuevo. A partir de ahí, la definición del futuro de la Fórmula 1 de entonces pasaba por el interés exclusivo de Stuttgart.

Montezemolo se lamentaba, hace relativamente poco, de no haber sabido contrarrestar la cerrazón de Brackley ante las propuestas alternativas frente a la normativa 2014, pero a todas luces nos ha resultado tarde a todos. La etapa híbrida de nuestro deporte se llama made in Mercedes-Benz, y durará hasta 2020.

¿Es bueno, es malo? Lo que es seguro es que esto es Fórmula 1.

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