sábado, 25 de marzo de 2017

Alice In Wonderland


No hago crónicas, así que olvidaros de que me salga una sobre la calificación de Australia. Este blog está lleno de cosas técnicas explicadas a los muggles, y otras, arcanas, en las que muy pocos creían hasta que no pudieron meter sus dedos en la herida, como Santo Tomás. He hecho preludios, pronósticos, prolegómenos, he dado claves y, por supuesto, hice crónicas. Pero desde 2015 me puse en que no volvía a pecar.

Entiendo que somos mayorcitos y hay abundancia de vídeos e información relativa a las diferentes fases de un Gran Premio como para que venga yo a hacer de gurú o ponerme serio, con tal de presuponer que necesitáis que os narre lo que ha sucedido y habéis visto con vuestro propios ojos. Así que dejémoslo en que escribo a diario, o casi, para que me necesitéis lo justito.

Dicho lo cual, el conflicto armado ha comenzado y lo más reseñable de la jornada ha sido que Justin Bieber es un reptiliano y que Fernando ha osado compararse con su compañero mostrando su infinita soberbia y su maldad sin par...

Muchas veces me pregunto qué cojones tienen que ver el culo con las témporas. Se nos llena la boca afirmando que el primer enemigo es el compañero, pero ¡ay Dios como alguien insinúe que lo tiene meridianamente claro y que sabe cómo marcar las distancias!

Por suerte (para vosotros, yo ya estoy escaldado), el devenir de los tiempos nos ha evitado, a todos, asistir a cómo Nelson Piquet le decía a Nigel Mansell que su esposa era tan fea que no se la tiraría ni borracho, lo que viniendo del brasileño era toda una advertencia. ¿Es crudo, no estáis acostumbrados/as? Pues la guerra es así y parece mentira que se suponga que añoramos en público los tiempos viejos, donde lo habitual, entonces, era sacar la albaceteña incluso en el baño, para que ahora nos pongamos moñas por tan sólo 6 palabras de una entrevista que ha durado dos minutos y cincuenta y cuatro segundos.

Primero de todo por un respetito a Stoffel. Al belga no le hace puta falta que lo defendamos. Hoy ha tenido un mal día pero le arrogo que no le van a faltar ocasiones de marcar territorio con Fernando. Y segundo, porque aunque digamos que no, parece que miramos con lupa cada palabra que pronuncia el asturiano, no sea que alguien descubra que hubo un tiempo en que dábamos botes nerviosos en la cama porque el Nano se mostraba incapaz de adelantar a todo un Adrian Sutil.

Ayer hizo nueve años exactos que cerré definitivamente los ojos de mi padre antes de lavar su piel con una mezcla de agua tibia, jabón de niños y agua de colonia Nenuco, para terminar vistiéndole y acabar anundando la corbata al cuello de su camisa como si fuésemos a una boda. 

Lo recordaba mientras tomaba café en el patio a las tantas de la madrugada, como de costumbre, sin que hubiese cantado el gallo de Gorliz, con Eileentxu sumando un nuevo cero en su casillero de puntualidad, ya que la muy ladrona, ultimamente prefiere quedarse al calorcillo de la cama en vez de acompañarme a deshoras.

Con la primera dosis de cafeína en el cuerpo bailé la Haka maorí en el estudio y me prometí, como hago todos los días desde el 12 de febrero de 2015, que no moriré sin una sonrisa en los labios y que seré el último en subirme al helicóptero. Nadie detrás. Nadie olvidado. Nadie condenado a que lo busquen y encuentren...

Alicia, el gato de Cheshire y, por supuesto, el espejo, el puto espejo en que te miras cada mañana sabiendo que terminará por atraparte. Mucho Hunt y mucha hostia, pero seis palabras sacadas de contexto le suponen a Azul sentirse perdida entre machotes que no perciben que huele a hembra, que sabe a hembra, y que sus hábitos maternales le dan la razón a David Coulthard. Feo, ¡de qué!

Mi niña en el País de las Maravillas. La temporada 2017 no puede haber comenzado de mejor manera. Los Force India son pesadotes pero van coloreados de rosa, y Fernando marca distancias con Stoffel a cuenta de un decimotercer puesto... ¡Quién da más!

Os leo

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