martes, 11 de octubre de 2016

O todos o ninguno


Vaya por delante mi más absoluto respeto por aquellos que no saben ir por la vida sin que alguien les lleve de la mano. Reconozco que es mucho más seguro, más si cabe si quien te arrastra es vistoso, dispone de experiencia, popularidad y reconocimiento, pero a mí me ha ido mal en este aspecto. 

Das la mano a quienes aseguraban que Plutón era un planeta, y, al cabo de los años, el cuerpo celeste no pasa de ser un vulgar planetoide. Crees, porque lo afirman, que en Marte no existía agua líquida y ahora NASA dice que sí parece que la hay... Compartimos con los Neanderthal alguna traza genética, las mujeres no son inferiores al hombre ni el negro inferior al blanco, los Síndrome de Down pueden llegar lejos si se lo proponen, y en los Todo a 100 siempre ha habido productos que costaban 1.000 pesetas... Creo que escarmenté a tiempo.

Comprendo que es complicado convivir con un tocapelotas como yo, pero os juro que por mucho que lo intento no consigo volverme normal.

Venga, va. Soy un poco Mulder, lo reconozco. Quiero creer (I want to believe), lo que pasa es que me digo constantemente que no me dejan. Una cosa lleva a la otra y ya os podéis imaginar... Miro a las tres últimas grandes estrellas de nuestro deporte, por ejemplo, y donde los demás ven luces cegadoras yo veo a tres pilotos consentidos por la FIA, uno detrás de otro, en fila india.

Nunca he negado que Hamilton o Verstappen sean rematadamente buenos, con Vettel tengo algunas reservas aunque jamás lo he bajado del Top 7, pero la FIA les ha consentido en sus primeros años de actividad, a los tres, lo que no ha consentido a nadie más jamás, repito, y he dejado escrito innumerables veces, que a mí, estas cosas me parecen totalmente innecesarias para ellos y terriblemente injustas para los demás.

En buena lógica, diría que al negocio se le han visto los costurones, desde 2007, en eso de crear mitos artificiales, cuando lo propio sería dejar que los cree la competición, que para eso está.

Y el caso es que hace unos días, cuando publiqué El revólver de Whiting, muchos me dijísteis que hay un reglamento que aunque parezca injusto tiene que aplicarse a todos por igual. Pero como no se aplica a todos por igual, existen deidades modernas que parecen velocirráptores, killers o Conan el bárbaro, sencillamente porque la normativa corta las alas de sus rivales a la mínima, mientras mira puntual y quirúrgicamente para otro lado en cuanto hace una de las suyas el elegido.

En Japón asistimos a la última de Max. La FIA ni se inmutó ni consideró necesario investigar de oficio un cambio de trazada ante Lewis Hamilton que amén de peligroso, fue manifiestamente ilegal. Aquí no hay tela que cortar. Todos sabemos de sobra que si esa misma maniobra la protagonizan Wehrlein, Grosjean, Sáinz, Gutiérrez o Rosberg, Whiting los enmierda en menos de lo que canta un gallo. Porque lo sabemos, ¿a que sí...?

Pero Max es Max y que no nos lo toque nadie porque es puro espectáculo, como Hamilton haciendo el canalla en Indianápolis 2007, o Vettel jugando al Carmageddon en el pit lane de China 2010.

Amonestación a lo sumo, tirón de orejas si toca, y luego a correr la historia, que los escogidos juegan a la luz un reglamento enfocado a pilotos de hace una década, y el resto, a la sombra del vigente, que la FIA tiene que demostrar con alguien, que siempre es justa y ciega y trata a todos por igual, y tal y tal.

Como decía el otro día, soy partidario de que las carreras fluyan con la menor cantidad de interferencias posibles. Salvo intencionalidad evidente o beneficio claro, yo dejaría todo esto en el ámbito de lo que comunmente denominamos lance de carrera, pero puesto que me recordásteis que hay un reglamento para todos, que aunque no sea perfecto debe ser aplicado sin contemplaciones, rogaría que nos dejásemos de ensalzar a quienes se pasan las normas por el forro de los pantalones porque la FIA ha decidido (con ellos) mirar hacia otras injusticias deportivas.

O todos o ninguno. Os leo.

1 comentario:

  1. Pero si esto ya viene de largo como bien dices. Recuerdo un Valencia 2010 y tantas otras. ¡Oh wait, WTF! Me estoy volviendo un conspiranoider. Está claro que Ricciardo, Hulkenberg y otros, por poner ejemplos al azar, no han estado bendecidos por la diosa fortuna de la FIA.




    King Crimson

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