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domingo, 1 de noviembre de 2026

La forza del destino


Por lo demás bien, pero esas mangas del overall que nunca llegan a cubrirle las muñecas. Por lo demás bien, ya digo, pero ese aire de serial killer en película de bajo presupuesto...

Me encuentro con que a Esteban lo han bajado a hostias de Haas y lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido preguntar si seguía corriendo. No sé por qué, la verdad, pero hace años se había apagado su estrella en mi mapa de constelaciones. Imagino que fue a partir de la fijación que mostró con Fernando aunque no podría asegurarlo. Con Toto en la sombra y consentido ad nauseam por Otmar Szafnauer, Banchi buscaba su propio lugar en el mundo y acabó encontrándolo cuando asaltó a Gasli en Mónaco y, en un quiebro fatal, se topó con Briatore.

Visto lo sucedido en la de Kannapolis estas últimas horas, el francés seguía erre que erre tratando de acertar con su fortuna a base liberar testosterona con compañeros y equipo, para gozo del Capitán Alatriste, imagino, cuando afirma que resulta edificante asistir al desmoronamiento de esta Europa envejecida, en horas bajas, que permanece presa de sus épocas gloriosas pero es incapaz de responder al presente y al futuro, salvo impidiendo que los hombres que se visten por los pies beban de sus botellines de agua sin tener que encontrarse con el tapón, y todo porque ya no hay héroes ni se les espera.

No, no me siento capacitado para trazar similitudes entre la deriva del viejo continente y nuestro protagonista, menos hoy, cuando la Soyuz ha comenzado la maniobra de aproximación a la MIR y debo permanecer atento a los paneles de control, pero hay algo enternecedor en comprobar, una vez más, que lo jodido no es llegar sino mantenerse. Esteban lo tuvo todo para, con aquellos mimbres, haber hecho un cesto precioso, pero eligió continuar luchando contra su destino, que es como el tapón que referíamos antes, y, al cabo, el destino le ha acabado rompiendo el brazo y las piernas. 

¡Fatalidad, qué bella palabra con la que explicar cosas inexplicables!

Por lo demás bien, pero esa necesidad de hacer el idiota... 

Os leo.

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