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domingo, 6 de septiembre de 2026

They're not gigolos, they're gentlemen


¿Cómo era eso de que Kimi Antonelli ha hecho olvidar en Monza la adoración que sienten los tifosi por Maranello?, ¡el responsable será Hamilton, ¿no?! 

Obviamente sigo yendo con Charles, y puesto que continúo sintiendo auténtico repelús ante la necesidad (¿?) de buscar entradas en Nürbu con las que autocitarme, a ojo de buen cubero os diré que desde 2016 hay textos en este blog que aluden a cómo Mercedes AMG buscaba ya entonces parecerse a Ferrari, y de cómo, posteriormente, a Wolff se le fue la pinza con el temita de marras en 2017, ordenando al de Stevenage y a Bottas realizar una bochornosa vuelta de homenaje a los amigos italianos tras el doblete obtenido en aquel Gran Premio de Italia.

A lo peor a Toto le pasa como a Isabel Natividad, que intuye a Monsieur Le Président en cualquier esquina, pero el caso es que la fijación del austriaco por La Scuderia roza el delirio paranoide, incluso sabiendo que Vasseur no moverá un puñetero dedo por romper la escaleta que ha previsto Liberty Media para 2026, cosa de la que también hemos hablado estos meses anteriores, por cierto. 

Leo que Antonelli ha destronado a Ludovico Scarfiotti en eso otro de ser el último italiano en vencer en Il Tempio della Velocità, y me jugaría el brazo con el que dibujo a que el marido de Susie ya tenía sobre la mesa de su despacho esta posibilidad antes de pergeñar la estrategia de Mercedes AMG para este fin de semana. El chiquillo saliendo último, previsiones de que con suerte acabaría entre los cinco primeros, aunque para el giro 13 el jovencísimo boloñés ya era cuarto y descontando.

60 años de tradición pulverizados con un chasquido de dedos. ¿Quién puede resistirse a tamaño caramelo?

Lo malo es que el mundo ya está inventado. Vladímir Propp lo dejó escrito hace casi un siglo (1928) en su obra Morfología del Cuento, proposiciones 25 a 27, donde se describe cómo el héroe, para ser considerado como tal, deberá superar una prueba épica, que efectivamente lo hará, y que por ello será reconocido en toda su magnitud. Como Ulises, vaya, cuando de incógnito arma su arco, lo tensa y luego de disparar la flecha, ésta atraviesa los ojos de las doce hachas hasta quedar clavada en la madera...

Pasando por alto que si se me ocurre volver a casa después de veinte años de ausencia y envuelto en harapos, lo primero que hace Cata es mandarme a que tome una ducha, lo de los héroes daría para mucho más que el espacio disponible en esta entrada. Y sí, me alegro por los que no han leído a Propp ni saben lo sencillo que se construye una fábula, y cruzo los dedos para que al zagal todo esto no le acabe pasando factura, al menos no como al GOAT defensor de la rossa, que hoy ha vuelto a deshacerse como un azucarillo en agua tibia mientras (supuestamente) defendía los colores en pista.

Os leo.

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