Vaya por delante que habrá tiempo (estimo) para hablar del quinto título IndyCar que ha cosechado Palou y de algunas otras cosillas que dejé aparcadas hace una semana, ya que sí, como habréis podido observar me he tomado unos días libres que me hacían buena falta, sea dicho de paso.
A ver, tener familiares de visita es siempre de agradecer, si es todo el mes mejor que unas pocas jornadas, pero estoy en ese puntito exacto en que dependo tanto de mis rutinas que como algo las rompa me acabo sintiendo como un perro al que han echado de su casa a patadas.
Cantaba Gardel: «Bajo el burlón mirar de las estrellas que, con indiferencia, hoy me ven volver...», y acunado por tan hermosas palabras vuelvo al teclado porque me había propuesto volver y no estoy para perder más trenes, otra cosa es que hoy el mundo sea sustancialmente peor que antes, cosa que ya de por sí sería reseñable. Nos han dejado Dolly Parton y Tim Curry y la inhumanidad cristiana sigue invadiendo Ceuta y sentando allí sus reales sin necesidad de haber pisado El Tarajal, y, en líneas generales, la cosa sigue igual que siempre, con lo peorcito del género humano dando abundantes muestras de cavar más y más profundo con tal de encontrar pronto las lindes del Infierno...
En fin, nos quedaba la visita en Nürbu al Gran Premio de Países Bajos, duodécima cita del calendario F1 2026, prueba que voy a considerar anecdótica hasta que no se den al menos otras dos carreras igualmente salerosas. Me gustó, para qué negarlo.
Estuvo bien pero entiendo que hubo condicionantes que dudo mucho se vuelvan a dar. El inusual buen comportamiento de las Pirelli, por ejemplo. Una realización que no fue tan mala como otras veces, seguramente para dejar buen sabor de boca en la despedida de Zanvoort. La pérdida temprana de Max Verstappen, los cambios de líder y la estúpida peleíta flanderiana entre los pilotos de Ferrari —voy con Leclerc, aviso—, amén de Fernando Alonso puntuando, supusieron alicientes que ayudaron a acrecentar la sensación de espectáculo y a olvidar el clipping y el clip para el pelo mientras Lando Norris se enseñoreaba de lo lindo en el último cuarto de la disputa hasta ver la ajedrezada.
El podio fue meridianamente claro a pesar de las decisiones de la FIA con el ADUO. Tres plataformas impulsadas por Mercedes-Benz en las tres primeras plazas. Norris, Antonelli y Russell, luego la nada, como de costumbre.
Os leo.

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