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viernes, 8 de mayo de 2026

Negra sombra


Viendo la Fórmula 1 que nos va quedando, cada vez tiene menos sentido recordar a los gigantes de antaño, aún menos, si cabe, cuando nos fueron arrebatados en acto de servicio por una diosa Fortuna especialmente envidiosa y cicatera.

8 de mayo de 1982, sábado en Zolder...

Cuatro años antes, en 1978, Gilles Villeneuve comenzó a enseñarnos que a la cima del Olimpo también se llega emocionando a un público ávido de sensaciones. 

Pocas temporadas, un puñado de victorias, cuando éstas valían a tanto su peso en oro porque los rivales no acostumbraban a dejarse ni recibían órdenes por radio, y un reguero de errores y aciertos que levantaban de la silla, y otro de actitudes magistrales, incluso las hubo cuestionables, que lo único que delataban era que en el cockpit de aquellos Ferrari iba sentado un Djinn burlón que disfrutaba haciendo de las suyas al volante mientras buscaba sus límites, los del coche y los de su compañero, jugando siempre a superarlos. 

Un saldo, por cierto, que a muchos chiquillos del Drive to Survive les sabe a poco porque el éxito se tasa ahora sólo en acumulación de cifras y récords, aunque al canadiense le bastó para penetrar en el alma de una afición dura de cojones como aquella, que se congeló viendo cómo las sombras oscurecían la mirada del quebequés en el podio de San Marino, y se rompió en mil pedazos apenas dos semanas después, cuando, juramentado a doblegar el brazo de la suerte, Villeneuve trató de superar a Mass en Terlamenbocht comprometiendo la trazada idónea, y se encontró cara a cara con su propio destino cuando su 126C2 impactó con el monoplaza del alemán y saltó por los aires.

Aquel Mundial era de Gilles, pero lo acabó ganando Keke Rosberg...

Pironi se hizo añicos ese mismo agosto, en Hochenheim. Cuentan que Enzo volvió a derramar algunas lágrimas, como a comienzos de mayo, pero para Maranello se hizo imposible paliar la pérdida de sus dos mejores poetas, aunque la caprichosa Fortuna, seguramente arrepentida por haber emborronado tan preciosos pentagramas, nos dejó un regalo que no encaja en las frías estadísticas: los gemelos del piloto francés y su pareja Catherine Goux, se llaman precisamente Gilles y Didier.

Así que, cuando os digan que lo de hoy es igual a lo de antes, cuando Toto se ponga petulante o espesito, o cuando Domenicali nos llame gilipollas, por ejemplo, recordad esta breve historia escrita hoy, a 8 de mayo de 2026, siquiera para que no dudéis ni un instante en enseñar vuestro dedo corazón de la mano derecha como si hubiese tomado VIAGRA.

Os leo.

1 comentario:

  1. Gran texto. Un piloto que debuta en F1 sin experiencia previa y, con un coche del año anterior, bate en qualy por más de 2 décimas a su compañero, Jochen Mass (ironías del destino, el mismo contra quien chocaría en Zolder); que respeta a su jefe de filas ayudándole a ganar el Mundial a costa de sus propias opciones; que pelea a tumba abierta contra un piloto rapidísimo como Arnoux en uno de los mejores duelos de la historia ("lo más divertido que se puede hacer con la ropa puesta" René dixit); que se marca una vuelta a tres ruedas con una mano esperando que, al llegar a boxes, le pusieran una nueva para seguir adelante (hoy le habrían sancionado); que, en mojado, le mete más de 10 segundos (¡!) precisamente a Schekter; que gana manteniendo a cuatro coches más rápidos detrás a menos de 2 segundos de principio a fin (¡!); y que, por si fuera poco, hizo lo que hizo en el GP de casa del 81 (hoy sí que le habrían sacado bandera negra)... hace que las "hazañas" de los chavalínes de moda en esta Fórmula Duracell sean más falsas que la palabra de Toto.

    P.D. Buen dato el de los gemelos, ¡no tenía ni idea! Gesto de honor.

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