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martes, 19 de mayo de 2026

The Wounded Dove


En la antesala del Gran Premio de Canadá estamos un poco como Cervantes y Hayes en la instantánea de aquí arriba, bueno, por aquello de ser exacto: más como Javier que como Brad.

Seguramente alguien ha dado la orden y ya tenemos a los sospechosos habituales movilizando a la chavalería del lado de Toto Wolff, para que idolatre aún más los motores atmosféricos y vaya apostando por la opción correcta [«They screamed, howled or thundered»: intoxicating sound of F1’s greatest age] —me ha quedado comprobar qué decía el bueno de Bishop del sonido en la Fórmula 1 de 2014 y años posteriores, pero, en fin, hoy no tengo tarde para despertarme de ciertas perezas ni el coño para farolillos.

El caso es en la misma franja horaria, minuto arriba minuto abajo, he conocido que anteayer la Formula E se vestía silenciosamente de largo [El Gen4 rueda en Mónaco con David Coulthard al volante]; que ayer el yernísimo de José María Aznar, a quien Dios confunda, sacaba pecho por el retorno de la Extrem H [The FIA Extreme H World Cup returns...]; y, ésta es recientísima, que la china BYD Auto (fabrica híbridos y eléctricos), planea incorporarse a la Fórmula 1 con Christian Horner liderando su proyecto [BYD avalia entrada no grid da Fórmula 1 com equipe própria e liderança de Horner]...

Me enseñaron que el futuro es uno —allá en qué creían mis añorados frailes menesianos—, no trino como nuestra deidad, y aquí veo al menos cuatro alternativas futuribles: atmosférica, eléctrica pura, híbrida, y propulsada por hidrógeno, así, de golpe y porrazo y sin anestesia, lo que me ha llevado buscar refugio en esa bellísima canción que interpreta Gabriel Yacoub en la banda sonora de Bruno Coulais Nómadas del viento (en original Le Peuple Migrateur, en inglés Travelling Birds), y, como es notorio, he utilizado para dar título a esta entrada.

Y sí, entiendo perfectamente los caretos de Rubén y Sonny en la imagen de encabezamiento. Creían que habían firmado la película definitiva sobre Fórmula 1 y el tiempo convertirá a Grand Prix y Rush en imbatibles, no por calidad, obviamente, la de Kosinski no tiene nada que hacer en este aspecto, sino por la indecisión de nuestros mayores a la hora de ofrecernos un miserable futuro al que agarrarnos.

The show must go on! Os leo.

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