martes, 5 de diciembre de 2023

Sensaciones


Sáinz ha firmado una buena temporada a pesar de que los resultados no han acompañado, o parece que no han acompañado o alguien ha estado interesado en que no acompañaran, lo que viene a ser lo mismo pues los benditos resultados sitúan al piloto en un puesto concreto de la tabla y de ahí no lo apea nadie, que luego vienen las comparativas, los excel a colorines y las estadísticas, y la seriedad, etcétera, y no hay sensación que las resista porque todo se vuelve dato frío e incontestable, sobre todo para los nostálgicos y los integrantes del noble cuerpo de la Chavalería Ligera.

Por suerte soy antiguo y sigo dando mucho valor a las sensaciones. Contextualizan el dato, le aportan calor sin llegar a derretirlo y lo hacen más manejable, en una palabra. Y sí, considero que Carlos ha hecho una buena campaña con un SF23 que muchas veces parecía un hierro [Insuficiente (Ferrari)], y soportando prueba tras prueba la errática manera de entender las carreras que se cascan en el muro de Maranello. 

Leo que el madrileño, además de lidiar con los perfiles más peculiares de su equipo, ha llevado en sus espaldas la evolución del monoplaza hasta hacerlo más asequible y cómodo a la maniera de Leclerc, quien mantiene así su título de Il Predestinato y deja para más adelante asumir el rol de Il Rovinato...

Y es que aquí está el quid de la cuestión, creo, porque si al monegasco le han fallado el coche y las estrategias de la rossa, como argumentan sus afines para justificar sus errores y caída de rendimiento, con más razón deberíamos aplicar el mismo cuento al español, que ha quedado detrás de Charles a tan sólo 6 puntos cuando al término de la penúltima cita le sacaba 12 —una mala tarde la tiene cualquiera, un fin de semana negro lo sufre cualquiera; y a cualquiera le pasa que, habiendo estado permanentemente por delante del compañero en 21 de los 22 Grandes Premios de 2023, a Vasseur le afloren algunas dudas porque el vigésimo segundo round se ha torcido. 

A pesar de los pesares hay algo de bueno en todo esto. Carlos Sáinz llora menos que Charles Leclerc y, en términos generales, gestiona mejor la frustración, lo que, en sentido estricto, supone algo a tener muy en cuenta de cara al año que viene y siguientes.

Os leo.

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