martes, 22 de agosto de 2023

La 801 de Ferrari


El Mundial de Constructores se formalizó en la temporada 1958 y, hasta ese momento, las marcas destacaban en la Fórmula 1 a través de los logros y victorias de sus conductores, como hacían en otros ámbitos competitivos con mayor implantación y renombre: Mille Miglia, Panamericana, circuito de Resistencia, Targa Florio, etcétera.

La hoy conocida como máxima disciplina no se distinguía entonces por este apelativo, no obstante, los monoplazas tenían bien conquistado su lugarcito en el corazón de aficionados y consumidores, y fabricantes como Ferrari demostraron un especial interés por ella, a resultas del cual, evolucionaban constantemente su producto para las carreras, aplicando innovaciones técnicas y mejoras de prestaciones con vistas al triunfo de sus hombres en el Mundial de Pilotos.

Juan Manuel Fangio había vencido en 1956 sobre un Ferrari D50 que no era todo lo ferrari que le habría gustado a Il Commendatore, de manera que Maranello, con el foco puesto en disputar el campeonato 1957, diseñó una evolución que mejoraba el noble comportamiento del último monoposto Lancia, en base a una redistribución de los tanques de combustible y a una colocación del motor en sentido longitudinal puro —el D50 lo llevaba ligeramente inclinado—, lo que le proporcionaba unas líneas exteriores más estilizadas y agresivas.

Los depósitos exteriores dieron lugar a uno de mayor tamaño sobre el eje trasero, apoyado por dos menores que se dispusieron a ambos lados del habitáculo, lo que aumentó el peso del trasto en 10 kilogramos. El propulsor aspirado de 2.493 cc elevó su entrega de potencia hasta los 275 caballos con prácticamente la misma cilindrada que su antecesor, y la nueva configuración, más compacta que la anterior, obligó a rediseñar las suspensiones y reforzar los frenos de tambor, buscando que las ruedas Englebert cumplieran a la perfección con su compromiso en pista.

Desgraciadamente, el 801, como así se denominó, no fue un gran vehículo ni destacó especialmente, de todas formas, tiene tanta importancia para el linaje rosso de aquella época que bien merecía un espacio en mi colección de coches a escala. 


El modelo que traigo hoy a Nürbu pertenece al catálogo de IXO y fue producido en edición limitada dentro de su serie La Storia dedicada a Ferrari. 

Preciosamente reproducido en detalles, pintado y tampografiado, refleja la carrocería dorsal número 8 que llevó Mike Hawthorn en el Gran Premio de Alemania de 1957 [El Chueco (#Nürbu 13)], alojado dentro de un cofre metálico que, a su vez, descansa en el interior de otro de cartón rojo delicadamente decorado...


Mencionaba hace unos párrafos «la importancia» del 801, y quiero cerrar estas líneas que le hemos dedicado, recordando que en base a su experiencia y la transición que supuso, Maranello pudo trasladar todo lo obtenido en el Dino 156 de F2 y alumbrar el 256 que estuvo en activo hasta 1960, que en 1958 permitió conseguir su único título mundial de Pilotos al posteriormente malogrado Hawthorn, y a Ferrari la segunda posición en el recién estrenado Mundial de Constructores —empató a puntos con Vanwall, pero el descarte de peores resultados dio el triunfo absoluto a la británica.

Os leo.

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