Todo el trabajo previo, con su esfuerzo, expectativas e ilusiones acumuladas, se somete a evaluación en el momento en que se da la salida a las 24 Horas.
Una jornada completa rodando sobre el asfalto de La Sarthe puede parecer un espacio de tiempo dilatado, 1.440 minutos interminables, pero si lo pasamos a segundos la cosa cambia bastante, pues 86.400 supone una cifra escandalosa para asumir que en cada uno de ellos puede suceder de todo y que, en realidad, el piloto y su máquina se la van a tener que jugar bien jugada en ochenta y seis mil cuatrocientas oportunidades, muchas de ellas a cara o cruz...
Os leo.
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