jueves, 21 de julio de 2022

Juliantxu

Mi dulce hermano, qué sencillo resultó dejarme a cargo de todos los trastos aquel puto 12 de febrero de 2015 que te arrancó de nuestras vidas. Duele no tener nadie a quien agarrarse, a quien pedir consejo en las noches de invierno o ayuda para encontrar el cabo guía en mitad de la niebla, pero siempre fui el más fuerte de lo tres y los tres lo sabíamos...

Pensaba que ésta iba a ser la última vez que te escribiría aquí, en esta bitácora que sigue intentado rendir por inanición a mis fantasmas, pero no, no, te recortaré con las botas puestas los ochos años que me llevabas de ventaja dentro de doce meses, cuando tú cumplirías 72 y The Beatles me cantará a mí When I'm Sixty-Four, que ni calvo ni pollas en vinagre, salvo algunos empastes sigo entero de pies a cabeza y en inmaculada configuración de combate, cuidando de Titi, William y Peter; de Amama, de María, Carlos y Ana, de tus nietas Nina y Jule, de tu sobrino y ahijado Josu, mi hijo, quizás porque el cabo guía era yo, porque era yo a quien os agarrábais, y era yo, en definitiva, la calma que transmitían los cuentos narrados al calor de la hoguera en las noches de invierno.

Uno descubre lo que es cuando toca, no cuando quiere, y tuvo que ser gracias a ti que entendí que bastaba hacer lo que siempre para parecer un tipo algo menos normal de lo aconsejable, ya me entiendes, pero no abusemos, mis espaldas no son tan amplias. Ahí arriba tienes que conocer gente con posibles, diles de mi parte que merezco la pena y me echen una mano porque la mar se pone por días imposible y navegar se hace inviable.

Fui tu «hijoputa» preferido durante más de una década, pero admítelo, de los dos yo era quien mejor se adaptaba al terreno, tu mejor alumno, quien quiso a Fangio más que tú.

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