domingo, 19 de abril de 2020

Los niños de Dios


A fe mía que me sigue enterneciendo el infantilismo de algunos posicionamientos, sobre todo cuando niegan la realidad para construir otra realidad alternativa, más a su gusto, claro.

Cuesta aceptar que nuestro deporte es un gigantesco burdel y esto lo entiendo, lo que no comprendo es la necesidad que tienen algunos de elaborar un relato alternativo que pasa inevitablemente por sustantivar las bondades deportivas de tal o cual conductor, como si el resto no importara nada o no hubiese tenido influencia. 

Max no era chico Red Bull, por ejemplo, no era canterano de la austriaca. Llegó a finales de 2014 al Red Bull Junior Team en plan paracaidista de la 101 Aerotransportada, justo para que le sellaran el carné y justificar así que era un hombre de la casa cuando le dieron el volante de Jean-Éric Vergne para 2015 en Toro Rosso. Tras un año y unos meses de dulzura por parte de la prensa, Charlie Whiting y Franz Tost, el holandés ya estaba listo para ascender a los cielos. En el Gran Premio de España de 2016 tomará el volante de Daniil Kvyat en Red Bull, y ganará, entre otras cosas, gracias a que Lewis Hamilton se llevó por delante a Nico Rosberg en la primera vuelta, pero todo esto ocurre a 25 días escasos de que conozcamos que la multinacional Heineken ha firmado como nuevo patrocinador global de la F1...

Existe abundante hemeroteca al respecto de todo lo que estoy contando, así que permitidme que os ahorre los enlaces. Eso sí, éste que va ahora es importante, porque es de comienzos de agosto de ese mismo año y porque es Bernie quien acredita en el diario neerlandés Algemeen Dagblad la vinculación existente entre Vertsappen y Heineken: «I think Heineken delayed coming into Formula 1 until The Netherlands had its own star...» [Ecclestone credits Verstappen for Heineken deal].

Bien, a partir de este punto resulta muy sencillo establecer una línea que explica a la perfección la meteórica carrera de Max sin recurrir al ¡es taaaan bueno! ni a endulzar los abundantes líos en que se ha metido sin penalizar demasiado por ellos.

Es evidente que nuestro protagonista es uno de los mejores pilotos de nuestra actual parrilla, estaríamos locos si lo negásemos, pero tampoco se puede cerrar los ojos a que llegó a la Fórmula 1 con el correspondiente clavel en el culo. Y es que si eres necesario para el negocio las cosas siempre resultan mucho más sencillas, y admitámoslo, ahí dentro no todo el mundo goza de la misma suerte, sólo los elegidos, los niños de Dios, gozan de tanta fortuna, no cometen errores en su carrera profesional y las cosas siempre les salen a pedir de boca.

En casa como en ningún sitio... Os leo.

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