miércoles, 18 de abril de 2018

Terraplanismo [IV]


Estamos a miércoles y en toda lógica persiste el runrún de los sucedido durante el Gran Premio de China, aunque con menor fuerza, también es verdad. Eso sí, insisten los enfermizos del terraplanismo con sus lecciones precediéndolas de una coletilla que como a otros muchos, a mí también me lleva los demonios: la prensa española... Y sí, he pecado y he abierto etiqueta al #Terraplanismo porque esta tendencia de hacer desiertos de cuatro granos de arena, lejos de amainar, arrecia como los malos temporales.

Según la Real Academia de la lengua Española, la palabra Prensa se refiere a la generalidad de las publicaciones periódicas y especialmente las diarias; y, también, al conjunto de personas que se dedican al periodismo. Dicho lo cual, hablar de prensa es, en el fondo, una forma de definir aquellos canales y profesionales que se dedican a informarnos diaria, semanal o mensualmente, sin que ello signifique que todos se comportan igual, tienen la misma calidad o enfoque, o buscan cumplir los mismos objetivos.

Obviamente cada cabecera atiende a un público determinado, su público lector, y no tiene ninguna obligación de atender a nadie más, lo que deja a nuestro criterio como consumidores saber elegir qué tipo de información nos metemos entre pecho y espalda y si ésta cumple nuestras expectativas o no.

Básicamente, esto de la prensa es como un enorme supermercado. Vas a encontrar de todo, a diferentes precios y diferentes calidades, y al demonio se le ocurriría poner el grito en el cielo porque no encuentra una marca o producto específico que sólo se surte en tiendas delicatessen, por ejemplo, ya que bastaría con abandonar el súper e irse a ese modelo de comercio exclusivo, y dejar de dar la vara en el sitio inadecuado, claro.

Bueno, al diablo no se le ocurriría pero a nuestro terraplanista tipo sí.

Él (o ella) no buscan exactamente cosas específicas sino poner en evidencia que el supermercado español es poco menos que basura. Es decir, pedirirán peras al olmo en el más amplio y profundo sentido de la frase. Y se plantarán en mitad del pasillo de yogures y comenzarán a quejarse del envasado, del color y las letras del etiquetado, de cualquier tontería, en definitiva. Harán ver que han sido ultrajados, y si no encuentran público que les aplauda se tirarán al suelo y patalearán como hacen algunas criaturas petardas cuando pretenden llamar la atención...

Vamos a ser medianamente serios con esto: reclamar información rigurosa a un medio amarillista es de tontos. De la misma forma, supone un insulto a la inteligencia solicitar que las noticias de Fórmula 1 tengan el mismo calado y profundidad cuando se dirigen a un público al que mayoritariamente lo nuestro le importa más bien poco, para qué vamos a engañarnos, que cuando van dirigidas a nosotros desde medios especializados.

Por fortuna, el panorama en España no es muy diferente al de fuera. En términos generales, podemos decir que tenemos profesionales, portales y cabeceras de información del motorsport, de los que tendríamos que mostrarnos orgullosos. También hay gente muy buena que sin embargo, ve comprometido su trabajo porque como decía antes: tiene obligación de atender a su público, a nadie más.

Y por supuesto hay de lo otro: amarillismo, poca profundidad, liviandad absoluta, ausencia total de rigor, pero curiosamente ésta es la prensa española que interesa al terraplanista, porque ella (o él) se define en la adversidad. Lo que le mola de verdad es mezclar churras con merinas con tal de seguir metiendo ruido en el pasillo de los calzoncillos o bragas «cuatro al precio de uno», siempre con la intención de levantar un desierto de Atacama con media docena de partículas de polvo.

Os leo.

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