miércoles, 8 de noviembre de 2017

Todo es Prost


Ya no hay amores como los de antes. Ahora te quiero un ratito y ya...

Cuentan como ejemplo de amor del bueno aquella historia en la que Fangio, durante el Gran Premio de Europa 1956, disputado en Monza, rompe la dirección de su Ferrari a un suspiro del final de la prueba, yendo en segunda posición, y se ve abocado a verla terminar desde los garajes porque Luigi Musso se ha hecho el orejas ante los requerimientos de La Scuderia para que ceda su vehículo al de Balcarce.

El Chueco tenía ese tipo de derecho de pernada porque los contratos se hacían así entonces. Era tricampeón del mundo, el primer espada de la de Módena... Claro, sí, pero Musso tenía sus propias ideas al respecto y poco había que rascar ahí. Pero en esto llega Collins, tercero en esos instantes, y pronuncia las palabras mágicas: «Maestro, siga usted, soy joven y tendré tiempo de luchar otros campeonatos...»

Peter Collins jamás tuvo otra oportunidad de ser Campeón del Mundo como la que rozó con los dedos en 1956, de hecho no lo consiguió nunca pues murió en 1958 a consecuencia de un brutal accidente en el Nordschleife. Musso tampoco lo lograría a pesar de su gesto egoísta, fallecía en Reims una semana antes que el piloto británico. Fangio sí. Gracias a la generosidad de Collins se alzó con la corona en 1956 y aún tuvo tiempo de repetir hazaña al año siguiente, 1957, pero lejos ya del mal humor y arrogancia de Enzo Ferrari, Il Commendatore.

El amor, sí. El amor no tiene sentido si no hay gestos por medio. Paciencia, empatía, templanza, generosidad, sobre todo generosidad, son las señas de identidad de ese vínculo extraño que se establece entre seres humanos diferentes sin que sepamos muy bien por qué.

Desde luego, Collins hoy pasaría por ser un perfecto pardillo, un gilipollas, si me permitís decirlo así. En Monza no tenía ninguna obligación de ceder su monoplaza a la leyenda argentina. Nunca sabremos qué pasó por su cabeza ni qué nobleza albergaba su corazón que lo llevaron a renunciar a una posibilidad real —era candidato al título 1956—, hasta consentir en que su sacrificio sirviera a un bien que consideraba mayor.

«Maestro, siga usted...»

El Maestro jamás olvidó a su amigo. Collins no se ha disuelto entre las brumas del olvido precisamente porque fue protagonista de una partícula de historia que carecería de sentido si Fangio no la hubiese recordado con cariño y respeto, siempre.

Pero a lo que vamos. Senna suele ser la referencia en este mundo de campeones de plastilina hasta que se supera en títulos al maestro brasileño y entonces todo es Prost, un pozo oscuro, el tipo más difuso e inaccesible de nuestra Historia con mayúsculas.

A Ayrton se le puede pillar enseguida debido a sus efervescencias místicas. Te muestras rápido sobre el asfalto, haces tres o cuatro guarradas por temporada y dices que hablas con Dios o que sientes una especie de fusión con el más alla, y clavas al personaje como haría Carlos Latre. Lo jodido es emular a Prost, que además vive todavía y te puede decir a la cara cualquier cosa.

Alain permanece muy lejos de los que tienen cuatro campeonatos a sus espaldas en la actualidad, Vettel, Hamilton. Los números son apariencia, no más. El francés no era un talento natural como lo entendemos ahora, tampoco hablaba con la divinidad. Se lo curraba como un jabato a pie de pista, con mono y casco, y fuera de ella vivía como un ser humano, aceptando que la existencia viene y va y es mejor aprovecharla antes de que se vaya del todo.

Prost, ¿quién es esta quimera?

No estoy pidiendo, ni de lejos, que Sebastian y Lewis acepten que no querían tanto como decían a Ayrton Senna y se enfrentan a día de hoy a un auténtica leyenda a la que sólo se han acercado en cifras, y de aquella manera. Prost son cuatro coronas y cuatro subcampeonatos, ocho temporadas entre los dos mejores. Con diferentes propulsores, diferentes vehículos, diferentes compañeros y diferentes filosofías.

Si Ron Dennis no la hubiese cagado en 1987 pensando que Alain tenía suficiente con dos títulos porque nadie podía soñar entonces con parecerse a Fangio y los tricampeones eran sagrados, seguramente Alain tendría ocho mundiales y ni Michael Schumacher le habría hecho sombra.

Prost era su hombre, pero eligió al otro y quiso la fortuna que el patrón británico pensase en aquella etapa que el francés estaba acabado o a punto de estarlo. Puso a Ayrton a su lado, y mira tú por dónde el gabacho es actualmente la frontera entre los humanos y los dioses. Tierra de nadie, pero dura. Un lugar áspero en el que Vettel y Hamilton no saben desenvolverse ya que no hay referencias a las que agarrarse.

Amor, sí. Collins supo demostralo, a Sebastian y Lewis todavía les cuesta. Superas a tu ídolo de la infancia y ¿qué te queda?: Prost... ¿y quién es ése?

Os leo.

5 comentarios:

  1. Solo hay que ver cuantos mundiales tendría cada uno .. si se usase el mismo sistema de puntos.

    Es algo que no se menciona mucho.
    Pero Prost era regular.
    Mucho.

    Mientras otros ganaron mundiales descartando carreras sin acabar.
    Prost los perdió descartando victorias o podiums.

    Con el sistema de 1991 (6 primeros, 10-6-4-3-2-1)
    Prost sería campeon:
    En 1984 (lo perdió por medio punto
    En 1985
    En 1986
    En 1988
    En 1989
    En 1993

    Cambia la cosa..

    PD: Los habría ganado con casi cualquier sistema de puntos que ha habido en la F1.. salvo con el que le tocó vivir.

    ResponderEliminar
  2. Fangio tenía esa personalidad.
    Recuerdo una entrevista gráfica (no había nacido en esos días) donde se relataba que cuando Fangio en '58 no tenía coche para pelear ni al triciclo de un chico de kinder, le estaban por descontar la vuelta (todo un deshonor). Pero faltaba poco para terminar y quien iba a hacerlo "levantó" para no deshonrar al maestro. Esa misma carrera Fangio decide retirarse. Es tan así que no recuerdo ni el nombre de aquel piloto, únicamente la anécdota.
    A Ayrton (talento natural si los hubo) lo asiste la magia del que murió joven. Por la misma mística en la que Marilyn es superior a Sofía Loren, o James Dean a otros galanes contemporáneos, o Guevara a Fidel, o... ¡Tantos otros! Fantaseamos sobre cuántos títulos habría ganado Gilles si viviera, aunque en la realidad era mucho mas talentoso que técnico. Sin embargo no fantaseamos con cuántos títulos merecía Stirling Moss (o "hubiera merecido" si no hubiera compartido época con Fangio).
    Disiento con tu apreciación sobre Prost: Creo que sí fue un gran talento. Recuerdo aquel campeonato (no tengo presente el año) en que Prost en McL fue el Ayrton posterior: Ese joven impetuoso que perdió por sólamente medio punto contra la experiencia de Lauda. Fue capaz de hacer funcionar inclusive aquellos primeros Renault turbo ("teteras amarillas" les llamaban). Se le reconoce mas su último campeonato (con Williams) donde tal vez Ayrton le haya superado como piloto, que aquél casi-campeonato con Ferrari, donde creo que llevó el coche mas allá de lo esperado.
    Era un talentoso, pero tal vez no tan vistoso. No imagino a un Prost conduciendo con el alerón de su Ferrari bloqueándole la vista, como sí hizo Gilles. No lo imagino arriesgando de más en la lluvia, o en una maniobra como la de Piquet a Senna para superarlo nada menos que en el Hungaroring (por afuera en un circuito claustrofóbicamente estrecho). Pero además del talento era metódico, y eso luce menos pero rinde sus frutos.

    ResponderEliminar
  3. No debería sorprendernos que Prost, francés, haya sido en cierto modo tapado por la prensa (inglesa). Es de los pilotos que mejor leían las carreras, por lo que sí ahora se defiende que Alonso es el mejor (que lo es) porque lee las carreras mejor que nadie, no podrían hacer esa misma interpretación de lo que pasó entonces? Just saying...
    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Hay una batalla que Ayrton le ganó a Alain aquel día fatídico en Ímola, y es el paso de leyenda a mito, que finalmente decantó la guerra a favor del brasileño en las memorias de los aficionados. Tampoco le han perdonado los british su altanería francesa y los tejemanejes con Balestre, todavía hay quien se acuerda de Nigel conduciendo un Ferrari en Estoril yendo a por Ayrton, y facilitando que los del Cavallino portaran el Nº 1 el año siguiente de la mano del profesor. Claro que luego vino Schumi e hizo que Senna y Prost parecieran monjitas de la beneficencia a su lado, oscuro.

    En fin, un grande, de los de verdad, no de estos otros, quizá eclipsado por la muerte de su némesis convertido a héroe en las memorias colectivas. Qué suerte haberlos disfrutado entonces!

    Salu2!

    ResponderEliminar