domingo, 19 de abril de 2015

Amado líder


El aspecto sociológico de la Fórmula 1 daría como para llenar veintisiete Enciclopedias Británica con sus correspondientes tomos, y no entiendo muy bien por qué no hay quien se ha animado a abordar tan increíble reto. Las ventas estarían aseguradas y no sólo en el mercado español; la comezón por descubrir mitos a la mayor brevedad posible y levantarles altares, afecta a los cuatro puntos cardinales de nuestro mundillo.

No bastaba con que Faenza nos brindara un magnífico comienzo de temporada habiendo apostado por dos chiquillos que cada cual a su manera, nos está ofreciendo algo que posiblemente se acerca a eso que coincidimos en llamar deporte en estado puro. No, ahora hay que elegir bando.

Me mostré reacio tanto al desembarco de Carlos Sáinz como al de Max Verstappen en Toro Rosso, y hoy es el día que puedo alegrarme de haberme equivocado de plano porque la verdad, ahora que no me lee nadie, os puedo decir que que el dúo dinámico es de lo mejorcito que hay en la actual parrilla. Repito, cada cual en su estilo, pero ambos con esa potencia e inguenidad tan propia de la adolescencia que envidiamos los entrados en años.

Pero como decía más arriba, ya no basta con disfrutar con sus evoluciones en pista sino que hay que escoger con cuál de ellos nos quedamos. Y acertando, además, no sea que porque te guste Carlos te conviertas sin beberlo ni comerlo, en un alonsista que ya está buscando hueco para cuando el Nano se retire; o si eliges a Max, en un antipatriota de tomo y lomo.

Por fortuna para nosotros y por degracia para él, Roberto queda lejos de todo esto porque su Manor no da para demasiadas exposiciones ante esa avidez que obliga con urgencia a los aficionados, a cavar trincheras a cuál más profunda, de las que rara vez nos movemos. 

Es el mismo rollo de siempre. Señalamos con precipitación el uniforme que vestiremos por aquello de que no digan que no supimos ver el horizonte antes que nadie, y si hace el caso y por un casual nos equivocamos, bastará luego con borrar las huellas que nos delaten para dejar nuestra hoja de servicio limpia como una patena. Y posteriormente, el consabido yo vi a Senna, el yo acaricié su auto, reliquias traídas de Tierra Santa ajustadas a los tiempos que tocan vivir porque de eso se trata, de vivir la Fórmula 1 como nadie, de poder decirle al de al lado que no tiene pajolera idea porque uno llegó antes y tal.

Y mientras tanto, hacemos pellas con lo que sucede en el ahora. Y buscando el amado líder al que nos rendiremos por siempre jamás, nos perdemos a dos chavales irrepetibles que a lo peor no superan la criba o acaban destrozados por la trituradora que siempre ha sido Faenza para Red Bull... 

¿Qué tal si les damos el tiempo que necesitan?

Os leo.

6 comentarios:

  1. Claro que sí, Jose!. Pero o es mi impresión o en España los bandos se van formando de forma natural con los mismos combatientes dialécticos a cada lado que vemos en esa otra conocida dicotomía. Muy curiosa esta percepción de "lo español".
    Buen domingo a todos!

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  2. Si, vamos a darles caña, para que les pase como a Jaime...

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  3. Gracias a Marko, ese que tanto han puesto de vuelta y media algunos y que ha vuelto a acertar.

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  4. No se si podré, pero me encantaría quedarme con los dos.

    Saludos

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  5. Yo también creo que es un poco pronto para decantarse. Maz parece un punto más veloz y muy arrojado en los duelos, mientras que Sainz parece más regular y capaz de vueltas muy buenas en qualy, como demostró este GP.

    Pero vamos, no está reñido apoyar a Carlos como compatriota y admirar a Max si este confirma su rapidez en hechos notorios.

    Saludos.

    Lastra

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  6. Una pregunta inocente:
    - ¿A quien quieres más a papá o a mamá?

    Una intención perversa:
    - (Ten cuidado al responder porque, independientemente de lo que sientas, pienses o argumentes, vamos a entender que odias a muerte a quien no elijas.) ¿A quien quieres más a papá o a mamá?

    Son juegos de "doble vínculo", típicos en la comunicación de un acosador.

    Dicho lo cual. ¿Cual es mi opción?
    Pues me niego a que nadie me haga renunciar a uno de los dos.
    Evidente, ¿no?

    ¡Saludos al anfitrión y a los invitados!

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