domingo, 8 de marzo de 2015

Acabaremos cuidando niños


El naranjo que cayó bajo mi cuidado va para tres años, ya tiene unas hermosas naranjas doblando sus ramas. El trayecto no ha sido fácil. Os lo he contando. Los primeros fríos del otoño de 2012 estuvieron a punto de terminar con él.

Cuando le di cobijo en el estudio apenas le quedaban un puñado de hojas, pero la temperatura interior y quiero pensar, también la música que me acompaña la mayor parte del día así como algunas palabrejas que le dedicaba cuando pasaba a su lado, permitieron que volviera al patio con la primavera siguiente muy avanzada.

Los rigores del otoño de 2013 volvieron a herirlo aunque no de forma tan grave. Y vuelta a la seguridad del estudio, al calorcillo, a la música y a mis tonterías de jardinero en ciernes. Lo saqué al exterior antes que la vez anterior, pero eso sí, bajo una extrecha vigilancia. Recordando a Matilde, mi madre, y cómo cambiaba de sitio sus plantas porque a algunas les sentaba mal estar en tal o cual sitio de la terraza, busqué para él el lugar más adecuado, uno donde el aire ni el agua le azotaran tanto...

Se ha portado como un titán. No han hecho falta más cuidados que los imprescindibles. No ha vuelto a pisar el estudio y en la intemperie, no solo dio flores y sigue creciendo como un cachondo, sino que como os comentaba al principio, enseña orgulloso catorce naranjas.

Es domingo y estamos a punto de que El Circo se ponga definitivamente en marcha, y pienso en el anhelo que nos recordaba no hace mucho J-Car y en aquello que dijo Clara hace ya unos meses, al respecto de que podemos fingir que somos lo que no somos, salvo en nuestra manera de expresarnos.

Yo soy optimista, no quiero ni puedo ocultarlo, pero el pesimismo arrecia ahí fuera y demasiadas veces resulta complicado contrarrestarlo. Parece como si fuese indecente pensar siquiera en que es posible trastocar el orden de las cosas. Pero incluso a los pesimistas se les llena la boca con la palabra deporte...

Y no, queridos, el deporte nunca puede ser pesimista ni realista en los términos en que se utiliza esta palabra, ya que a poco que dejes arrinconada la necesaria ilusión estarás severamente jodido y a buen seguro, perderás la menor oportunidad que pase por delante de la puerta de tu casa. Además, en mi pueblo siempre se ha llamado miedo a eso. 

Y aquí que tenemos a Manor (Marussia), equipo que con dos cogieron, nos ha soltado a bocajarro que hasta verano no estará en disposición de ganar carreras... ¿A que produce risa?

Pues no debería producirla porque ha escenificado como nadie lo que supone ponerse a competir. 

Competir pa'ná es tontería pero a poco que te descuides, como el realismo mal entendido cale tus huesos y el anhelo paralice tus miembros porque cualquier pasado fue mejor, en un pispás acabas cuidando niños o ancianos para cubrir el presupuesto mensual, a pesar de que tu curriculum profesional sea de los de quitar el hipo. No, en deporte nunca debe tener cabida el miedo ni contemplar la posibilidad de caer derrotado sin siquiera haber luchado.

Voy a contarle todo esto al naranjillo. Os leo.

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