sábado, 14 de junio de 2014

1950 tales #25TLM [03]


Imaginad por un momento que si la normativa lo permitiese, alguien, quién sabe quién, tuviese la iniciativa de coger un W05 de los que conducen actualmente Nico Rosberg y Lewis Hamilton en F1, para colocarle un asiento supletorio en paralelo al principal, carenar sus ruedas, poner un par de focos e inscribirlo a renglón seguido y tal cual en la parrilla de participantes de las 24 Horas de Le Mans...

Aunque parezca una exageración, que sin duda lo es, algo muy similar ocurrió en 1950, cuando el Talbot Lago T26 C Grand Prix que disputaba el Mundial de automovilismo recién estrenado, se convirtió con un par de apaños como los descritos más arriba en el T26 GS (Grand Sport) con el que padre e hijo Rosier alcanzarían la victoria en la edición correspondiente de la carrera francesa a la que estoy dedicando este racimo de entradas.

Los Talbot Lago eran monoplazas habituales de los circuitos de finales de los cuarenta del siglo pasado y formaron parte parte de las parrillas de comienzos de la década siguiente, Louis Rosier era uno de sus pilotos oficiales y la propia empresa de automóviles francesa ya había participado en las 24 Horas un año antes, en 1949. Existía experiencia previa y la adaptación del bólido de carreras al reglamento para biplazas no resultaba ni demasiado costosa ni por supuesto muy aventurada.

Bastaba mantener el chasis y la organización mecánica que tan buenos resultados había dado, alojar el motor de origen Maserati de 4.482 c.c. y 260 c.v., ampliar el habitáculo desplazando ligeramente la posición del conductor, proteger las ruedas con delicados guardabarros y disponer así mismo, la de repuesto y el equipo eléctrico y de iluminación que permitiría a la criatura y sus ocupantes sortear la dura noche sobre el circuito de La Sarthe... Et voilà!

El Talbot Lago T26 GS se inscribió con el número 5 y se distinguía con el característico color azul pálido que vestían los coches franceses. Al volante, Louis Rosier y su hijo Jean-Louis.

Tras haber rodado durante 23 horas y 10 minutos, este coche que parecía un monoplaza disfrazado porque en el fondo eso es precisamente lo que era, logró la victoria absoluta cruzando en primera posición la línea de meta de la edición de 1950 de las 24 Horas de Le Mans.

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