miércoles, 18 de julio de 2012

La forja


El año pasado por estas fechas habría dado mi reino y lo que no tengo, por ver a Sebastian Vettel sudando la camiseta sobre el asfalto y no yendo sobre patines en una San Silvestre de fin de año. Éste me conformo con verlo serio.

El RB7 era demasiado coche incluso para el alemán. Bien equilibrado, afinado hasta niveles indescriptibles, el misil azul de los de las bebidas energéticas le habría dado el título incluso a un párvulo. Resultaba sumamente sencillo de conducir y por ello se hizo necesario adornarlo con una aureloa de esfuerzo humano que cansó a los más pacientes rebaños de ovejas, hasta el punto de que era ver al de Heppenheim enfilando la victoria desde los primeros metros de una prueba cualquiera, y las cámaras se ponían a recitarnos versos sobre lo que ocurría en la lucha por los segundos y terceros puestos con tal de mantener al respetable pegado al televisor.

Hubo momentos, para qué voy a negarlo, en que Sebastian parecía volver a ser el de 2008 o 2009 (el de 2010 tampoco me gustaba, y lo siento), pero fueron escasos y siempre planeó sobre ellos la belleza apurada y rápida del retoño de Newey, de manera que terminé por sentarme pacientemente, de brazos cruzados, que dicen, a ver qué tal le iba esta temporada, que ya se sabe que el tiempo dicta los más enjundiosos veredictos, apostando incluso a que Fernando Alonso acertaba de lleno cuando afirmó que veríamos al auténtico Vettel cuando tuviera que luchar por un quinto o sexto puesto.

Reconozco que no ha hecho falta que el bicampeón más joven de la historia se haya tenido que ver en tan desafortunada coyuntura, para que vuelva a sentir algo parecido a lo que sentí cuando le vi circular sobre Indianapolis cubriendo el puesto de Robert Kubica o venciendo en Monza con un Toro Rosso, o logrando la segunda pole de su carrera en China (me gustó mucho más que la primera porque me pareció más trabajada). El tiempo pasa, el chiquillo ha crecido y sería injusto no incorporar esta variable a la balanza donde le estoy pesando, siquiera para descontar algunos gramos. 

Tambien cuentan los dos campeonatos mundiales que ha conseguido, el rosario largo de primeras posiciones en calificación que ha obtenido, los récords que ha roto a pesar de sus pocos años, cómo se las tuvo que ver con Mark cuando ambos luchaban contra los Brawn de Ross, y un montón de cosas más que os ahorro por no aburriros, pero entre las que no se encuentran sus modales de niño tonto cuando las cosas le vienen de cara, ni los que han alumbrado su perfil más chulesco cuando se ha visto en la obligación de doblar la rodilla por gilipolleces propias o ajenas. Menos aún, la perfidia que le ha rodeado en Red Bull, ante la cual ha dado innumerables muestras de sentirse divinamente cómodo.

Pero estamos en 2012 y Sebastian se encuentra en la encruzijada en la que tantos queríamos verle, y habría que ser tonto para no comprender que está solventando la papeleta con notable, pero con la mirada puesta en resolver la temporada con sobresaliente, si su vehículo y los candidatos al título le dejan.

Decía más arriba que disfruto viéndole serio, y prometo que no es porque su sonrisa llegó a hartarme, que también, seguro, sino más bien porque le percibo interiorizando, reflexionando más allá de sobre cuánto le durarán los cacahuetes durante una carrera. O me equivoco de plano, o está mostrando una actitud mucho más adulta que en sesiones anteriores, que delata, lo más importante, que piensa por primera vez desde 2009 en cómo tumbar rivales uno a uno y no en paquete, como le venían antes.

Sea como fuere, el primer piloto de Milton Keynes quiere ganar en su casa, ante su público, sobre el circuito de Hockenheim, y estoy seguro de que lo intentará desplegando sobre la pista toda la calidad que tiene, que es mucha. Pero si no lo consigue tampoco pasará nada, porque estoy seguro de que volverá a intentarlo en la casa y ante el público de otros, porque todavía quedarían 10 carreras por delante y el chiquillo está dando muestras de haber perdido definitivamente sus dientes de leche.

3 comentarios:

  1. No lo tengo claro, sigo creyendo que es un pilotazo pero aun está por debajo de su coche, y después de dos años y lo que llevamos de este en esa tesitura ha tenido tiempo de tomar la comunión, la confirmación y de tener la primera novia.

    En cambio, el día que ganó hizo las mismas bobadas de hace dos años. Me dio por pensar que era un artificio de marketing a lo que son tan dados los de RB y de repente le vi hacer lo mismo de espaldas la cámara.

    Aun le queda mucho trecho para ser leyenda, incluso para ser reconocido por el resto de compañeros.

    Saludos
    PD: prometí no discrepar nunca más de tus opiniones, pero RB me puede.

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  2. Encrucijada José, encrucijada. xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD.

    King Crimson

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  3. Esto empieza a oler mal, Whitting en estado puro, mejor dicho en estado:

    http://www.f1aldia.com/16045/charlie-whiting-admite-sancionar-sebastian-vettel-fue-muy-duro/

    Saludos

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