domingo, 5 de marzo de 2017

Tenemos una buena resaca


Los síntomas parecen claros y lo mejor que podemos hacer es dejar de darle vueltas a la mollera y aceptar, de una vez por todas, que no se puede ir por ahí pretendiendo saber cómo irá la temporada tan sólo habiendo disfrutado de cuatro miserables fechas de entrenamientos...

El próximo martes tenemos de nuevo sarao y conviene no perder de vista que con dos o tres días de abstinencia no se nos van a pasar ni la ansiedad ni los dolores de cabeza. Leemos, escuchamos y vemos mucho, tratando de sopesar cuánto hay de verdad y de mentira en cada párrafo o frase que nos metemos entre pecho y espalda, y eso, amigas y amigos míos, tarde o temprano acaba pasando factura.

Además, no debemos olvidar que nos hemos expuesto demasiado a las inclemencias informativas desde que Nico Rosberg decidió retirarse, allá como a comienzos de diciembre pasado. Fue conocer la noticia y que no hayamos parado, literalmente. Ni siquiera lo de Liberty estaba seguro entonces...

Parece de locos tener que recordar que la norteamericana ejerce sus funciones desde hace menos de un mes y medio, pero es así. Conocíamos que a Bernie lo habían apeado de su puesto el 23 de enero, lo que nos pone en que tan sólo han transcurrido cuarenta y dos jornadas desde aquello. 

Obviamente no ha habido tiempo para nada salvo para unas pocas declaraciones de intenciones y para que nos vayamos acostumbrando a algunas caras nuevas.

El reglamento ya estaba parido, los coches diseñados y encauzados; la cultura del paddock no ha perdido fuelle sino todo lo contrario. Los equipos fabricantes, llamémoslos así, siguen estando a un mundo de distancia de los cliente. La desigualdad económica y técnica sigue imponiendo su pérfida ley sobre la pista, y mal que queramos, Pirelli permanece ahí, donde la dejó la Bruja de Blancanieves... 

En cierto modo, había que estar bastante alelado para pensar que de la noche a la mañana esto iba a cambiar tanto que se nos olvidarían pronto las jaquecas y los disgustos de temporadas pasadas, pero también comprendo que nos haya pasado.

Ahora bien, os animaría a que una vez hemos detectado el problema juntos, cojáis una foto de vuestro coche o piloto preferido —si no tenéis preferencias, tanto da—, y la guardéis en lugar seguro durante diez, veinte o treinta años, los que sean, para que una tarde de domingo de una pretemporada cualquiera, la rescatéis con la intención de enseñarla a los nietos, los bisnietos o a quien tengáis cerca, o incluso para sostenerla en las manos en soledad, pensando en lo que nos duró a todos aquella mítica resaca de comienzos de 2017...

Está siendo legendaria, os lo prometo.

Os leo.