jueves, 22 de septiembre de 2016

Smell like Varón Dandy


Por muchas vueltas que doy al asunto, no veo cómo Chase Carey va a llevar la Fórmula 1 a un siguiente nivel sin hacer previamente algo con su look.

El estilismo actual de nuestro deporte no pasa por sus mejores momentos y dudo mucho que incluso Lluís Llongueras pudiese hacer algo para devolver la virilidad perdida a la parrilla. No es un tema menor, aunque lo parezca. Carey quiere instalar el negocio en las entrañas de los USA y eso pasa inevitablemente por retocar el airecillo ñoño que han impuesto los gerifaltes británicos desde que cogieron el timón.

No es por nada, pero sin Karun Chandhok, Vitali Petrov, Sébastien Buemi y Pastor Maldonado, la Fórmula 1 parece una pasarela de modelos en la que para colmo, causará baja muy pronto el único guapo consistente que teníamos: Jenson Button.

Es verdad que Max y Daniil podrían dar el tipo de tipos rudos, pero a mi modo de ver les haría falta un poco más de edad, y un cigarrillo con la ceniza flácida y el cuello de una botella de vodka casi vacía ocupando la mano, y sin duda un buen bigotón, que diría Joserra. Pero como está el patio con lo políticamente correcto y los riesgos evidentes de parecerse a Justin Bieber bebido en cualquier desliz, mejor nos dejamos de alterar el rumbo de las cosas y nos conformamos con seguir contando con Fernando Alonso al menos un año más, porque ni siquiera nos quedan Kimi y sus salidas de tono...

En fin, las señas de identidad de la máxima disciplina del automovilismo deportivo se quedaron en la cuneta hace tantas temporadas que ni recuerdo. Dejémoslo estar.

El estereotipo de F1 bad boy se nos fue para siempre un 15 de junio de 1993 y a partir de ahí todo han sido intentos de clonación insípida. Antes te bastaba para sentirte inmortal recordar que Alain Prost, además de feo, necesitaba subirse a una caja de herramientas para posar sujetando por la cintura a una modelo, pero ahora todo es diferente: te miras al espejo y luego les miras a ellos, a Carlos, a Nico, a Lewis, a Pascal, a quién sea, y lo último que piensas es que te representan. Y si esto es un problema en la vieja Europa, imaginaros en los Estados Unidos de América, donde la imagen es lo que más cuenta.

Desconozco lo que pretende Carey, pero como indicaba al inicio, el yanqui no querrá dictadores pero tiene ante sí un problema peliagudo. Sin la ayuda del tabaco y el alcohol, el total de la parrilla —excepción hecha de Daniil, Max y Fernando—, más que el Top Gun del motorsport, parece una banda de efebos aprendices de mago en Hogwarts, cuyo mayor riesgo en esta vida consiste en dejar olvidada la varita mágica en el pupitre. 

Algo habrá que hacer con todo esto, pienso. La normativa técnica y deportiva precisan de tiempo para adecuarse al prometido nuevo formato de espectáculo, pero me parece urgentísimo remediar antes el aspecto blandengue que ofrece la Fórmula 1 en la actualidad, porque puede que así entremos fácil en los USA, pero como nos descuidemos, sin bigotones ni litronas de Varón Dandy, nos sacan de allí a patadas.

Os leo.