miércoles, 14 de septiembre de 2016

Pasarán más de mil años


Venga, va, adoptemos ritmo de bolero y pongámonos en lo peor: un día de quién sabe cuándo, Liberty hace caso al personal y en vez de recurrir a cuñaos gafes como Pedro Martínez de la Rosa para cubrir las retransmisiones, decide que ocupe el sitio del barcelonés uno de los frikies que lo harían mejor, y con los ojos cerrados, porque saben qué número de zapatilla usaba Ken Tyrrell cuando tenía 3 años.

Tristemente el mundo está lleno de tíos listos y aburridos, pena que nadie les haya dado una oportunidad, siquiera para descubrir que ante las cámaras o los micrófonos no dan el tipo porque parecen palos de escoba o tienen la voz demasiado aguda, o lo que es peor, porque naufragan en las escolleras de sus amplios y nunca valorados conocimientos.

Por suerte, la vida nos regala de cuándo en cuándo a personajes como Pedro.

Solvente en lo suyo aunque no guste a todo el mundo, con sentido del humor, con capacidad para meterse en fregaos con Joan Villadelprat o Antonio Lobato, o Marc Gené, por ejemplo, y con conocimientos suficientes de la Fórmula 1 y de la existencia misma como para resultar a la vez, ameno y divertido. Además, el catalán resulta didáctico y da buena imagen frente a las cámaras de Movistar F1. Los colores corporativos le sientan de puta madre. Gesticula y habla con gracia. No usa perilla y bigote, y su cabello algo revuelto pone un puntito rebelde al set de la operadora española...

En definitiva, que es a lo que vamos: un individuo capaz de resultar atractivo contando una anécdota de HRT —con lo que fue aquél nuestro equipo—, demuestra a sus numerosos detractores que en la vida no todo es erudición, y que si hay que hacer de cuñao, es mejor hacerlo con estilo.

Recuerdo una frase que decía más o menos así: «Quien sabe, comparte. Quien desconoce, enseña.» Pero como he sido incapaz de encontrarla en internet, dejémoslo en que me ha fallado la memoria o en que sin un enlace no somos nadie en la actualidad.

En fin, sigamos con nuestro bolero y pongámonos ahora en lo mejor: De la Rosa cuelga para siempre el micrófono y deja de salir por televisión, y descubrimos entonces que los numerosos gilipollas que se mean en su cometido cada fin de semana, son eso: gilipollas a los que el mundo y sus servidumbres les vienen demasiado grandes.

Somos un país extraño. Defendemos a Johnny Herbert pero pedimos la cabeza de Pedro mientras esperamos a que pasen más de mil años, muchos más, quizás con la intención de que sea el tiempo quien se encargue de borrar la huella de lo poco generosos que somos.

Os leo.

1 comentario:

Pablo Aranda dijo...

Pues yo creo que Pedro es el único que salva las retransmisiones de Movistar junto a Joan, aunque este último habla poco, creo que porque nuestro amigo Merlos no le deja. Si no fuera por Pedro, me hubiera ido a escuchar la f1 en inglés de alguien tan 'sabelotodo' como Josep Luis, lo bueno es que no me enteraría de tanto. Esto es como todo: no valoras algo hasta que lo pierdes. Un saludo.