jueves, 15 de septiembre de 2016

El efecto Streisand


«Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.»

Disculpadme el atrevimiento de iniciar esta entrada con una cita gattopardiana. Me he levantado teñido de colores viscontianos y surfeando las finas letras de Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su única novela; una cosa ha llevado a la otra y me he encontrado con la taza de café en la mano y recordando al joven Falconeri advirtiendo a su tío, el Principe di Salina, don Fabrizio Corbera, que la mejor manera de ocultar un árbol pasa por ponerlo en el interior de un bosque. 

Lampedusa era siciliano, como la Mafia. El fatalismo en nuestra sangre, y esa coincidencia que marca nuestro tic-tac desde hace siglos con pequeñas grandes revoluciones que al final ni llevaron ni llevan nunca a nada. Los de abajo seguimos en el mismo sitio, los de arriba, siguen ahí mismo aunque hayan cambiado los nombres y los cometidos.

Cuando J-Car andaba por aquí solía ser recurrente que aludiésemos a la burbuja en que vivía la Fórmula 1 y a la emisión de deuda por valor de 4.000 millones con que nuestro deporte había calmado la sana avidez de sus socios de aventura. Buscábamos respuestas dando palos de ciego, y, obviamente, pensábamos también en qué momento saltaría todo por los aires y en cómo iba a suceder, pues las burbujas financieras tienden de forma natural a estallar o a desinflanse.

Ha pasado tiempo desde esto que acabo de contar, pero ha llegado Liberty y tal vez sin pretenderlo, ha levantado las enaguas del negocio poniendo de relieve que ni es oro todo lo que reluce ni el deporte, como competición, importa mucho en el desarrollo de los acontecimientos. Como la Streisand cuando intentó evitar infructuosamente que su mansión quedase retratada en Google, a los nuevos piratas les ha resultado imposible ocultar la cueva donde ocultan sus barcos.

Insinuaba ingenuamente el otro día que la Fórmula 1 posiblemente no da para más y que quizás la noticia reseñable no fuese la entrada de Liberty sino la salida de CVC. No hay día que pase que no sepamos una coordenada más certera, y hoy es posible afinar el tiro mejor que hace una semana, porque para comprar es necesario que el vendedor esté por la labor de desprenderse de sus tesoros y lo cierto es que CVC Capital Partners no se va, sino que se queda aunque con un porcentaje menor.

En realidad se quedan del primer al último mono. Eso sí, entra dinero nuevo y hay reparto e inmejorables expectativas porque esta parte del negocio cambia de manos.

En cuanto se concluya la operación que lleva a cabo Liberty, Delta Topco, matriz de lo que entendemos como negocio de Fórmula 1, pasará a ser controlada por una nueva sociedad que en principio se denominará Liberty Media Group y posteriormente Formula One Group, cuyo accionariado quedará consolidado en un 35% para Liberty y el 65 restante para los actuales accionistas.

A priori parece que estemos ante un nuevo Mariano vs. Pedro. Un 35% se antoja suficiente como para controlar el cotarro, pero no olvidemos que la mayoría de acciones está en el bando contrario —muy fragmentado, desde luego—. Técnicamente, Liberty (35%) solapa el papel que ha ejercido CVC (34'6%) hasta el momento y de una manera más diversificada, aunque a cambio del dinero que pone sobre la mesa obtiene más poder y visibilidad, de forma que Delta Topco pasa a ser, digamos, una de sus filiales bajo su control.

El paisaje parece idílico: entra sangre nueva, nuevas caras y seguramente nuevas ideas, pero la FIA se queda a los mandos de los aspectos deportivos porque es la propietaria de los derechos de la Fórmula 1 aunque cediera en 1995 los correspondientes a su explotación comercial.

Es importante que entendamos esto: Una cosa es el derecho sobre algo y otra el derecho a explotarlo comercialmente, y aunque parezcan lo mismo, son dos temas distintos. Sin ir más lejos, quien humildemente os escribe es el legítimo de su obra gráfica o literaria, y tiene que habilitar legalmente a las editoriales que se la publican para explotarla comercialmente sin que él deje de ser su propietario universal.

Pero no nos enredemos porque hay más. Delta Topco depende de Alpha Topco Lt., según Bloomberg, matriz del holding que se mueve alrededor de las carreras de coches, y en esta última nos volvemos a encontrar a CVC Capital Partners, pero no a Liberty...

En cristiano, que queda mejor: Liberty Group está adquiriendo presencia tan sólo en una parte del vasto negocio que explota los derechos comerciales de la Fórmula 1, pero las riendas siguen estando en las manos de los de siempre, con lo cual, Darth Vader Malone no va a disponer de la Estrella de la Muerte ni mucho menos del control del Senado de la República.

Decía más arriba que para comprar tiene que existir previamente quien venda, y se me ocurre al hilo de lo que estoy contando, no sé, que tal vez Bernard Charles Ecclestone ha estado devaluando el deporte estos últimos años con la intención de convencer a sus socios por el artículo 33 —manu militari, que dicen—, de que era buena idea que él y los suyos hiciesen caja antes de que decida retirarse.

Para terminar, a los que todavía piensan que estos líos financieros pueden cambiar nuestro deporte a mejor, ¡Dios lo quiera y mis ojos lo vean!, me gustaría recordarles que pensábamos lo mismo cuando Movistar F1 nos prometía que olvidaríamos pronto a Antonio Lobato. La explotación comercial es lo que tiene.

«Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.»