viernes, 23 de septiembre de 2016

El austericidio


Por lo general, los planes maestros sólo sirven para alimentar las teorías de la conspiración. Hay planes, obviamente, y, además, de todos los tipos, tamaños y colores, pero rara vez funcionan como cronómetros de la primera letra a la última, por esto mismo soy vitalmente optimista: la perfección no existe, ni siquiera para los malos, y, en consecuencia, siempre hay resquicio para la esperanza.

Me lo habéis leído muchas veces: en Fórmula 1 no se puede estar a misa y repicando. Echando la vista atrás es posible verme criticando el modelo de explotación de forma muy temprana, incluso cuando las ideas del dúo dinámico (Mosley y Ecclestone) ni siquiera amenazaban con llevarnos por delante.

Bien es verdad que el intento por hacer que todos los motores rindieran lo mismo, que todo el mundo jugara con las mismas cartas —aunque unas estuvieran marcadas y otras no—, así como la incorporación de la centralita única (ECU) y la implantación del suministrador único de neumáticos, apuntaban ya en 2007 y 2008 a que nos íbamos a dar el hostión.

Me podréis recriminar que es muy sencillo hablar de esto ahora, pero si tenéis agallas os invito a que buceéis en el interior de este blog y encontréis por vosotros mismos los primeros jalones de mi actividad insurgente. No es muy complicado, aunque os confieso que a mí me resulta profundamente tedioso.

Pero a lo que vamos. De aquel pretérito a este ahora, hemos asistido a un fenómeno que nos ha enajenado como aficionados, y lo digo con la mano en el corazón.

El deporte ha pintado poco o nada en este asunto que ha sido más de dinero que de competición. Y no me vale que por ser alonsista declarado me recordéis que eso mismo lo dijo Fernando Alonso tras los feos acontecimientos ocurridos durante el Gran Premio de Italia de 2006, porque años antes, también lo afirmó Ayrton Senna, como podéis comprobar en la película documental Senna (Asif Kapadia, 2010):

—¿Quién es o ha sido el piloto al que te enfrentaste que más satisfacción te dio?

—¿Del pasado o del presente...? Tendría que volver al año 78, 79 y 1980, cuando era piloto de
karting. Vine a Europa por primera vez, para competir fuera de Brasil como compañero de equipo de Fullerton. Se llamaba Fullerton [Terry Fullerton]. Tenía mucha experiencia. Disfrutaba mucho corriendo con él porque era muy rápido. Era consistente. Para mí él era un piloto muy completo. Era una conducción limpia. Carreras limpias. No habían decisiones políticas. Tampoco había dinero involucrado, eran carreras de verdad. Lo tengo como un muy buen recuerdo.

Subrayo por si se os ha pasado: «Era una conducción limpia. Carreras limpias. No habían decisiones políticas. Tampoco había dinero involucrado, eran carreras de verdad...»

¿Qué existe de diferente entre nuestra actualidad y las carreras de verdad de Ayrton y el deporte que anhelaba Fernando hace diez años? Pues más intervención del dinero, mayor implicación del puto parné, para qué vamos a andarnos con remilgos evitando llamar las cosas por su nombre. Y por esta misma razón me entra la risa floja cada vez que me encuentro con alguien que autoafirmándose como equidistante o siendo considerado gurú, entendido o relevante, me solicita, por el bien de todos, que asuma que el hoy es igual que el ayer, que mida mis palabras, que no propague mi melancolía y acepte de una vez por todas que los héroes actuales pueden medirse a los de antaño porque los números nunca mienten.

Desde 1995, más o menos, si la cosa no estaba suficientemente jodida entonces, la F1 pasó a ser mucho más negocio que deporte y sería de idiotas considerar que si al paulista se le pudo haber ido la olla con anterioridad a esa fecha, el asturiano estaba una década después poco menos que en Babia.

Los dos artistas del volante tuvieron los santos cojones de reconocerlo, y, por nuestra parte, negarlo resulta preocupante, muy preocupante. Ahora bien, si el dinero y la política son tan importantes en la actualidad que apenas se pueden disociar de lo que sucede, ¿por qué no admitirlo?

Se eliminaron los ojeadores, los entrenamientos y se han ido reduciendo las horas de túnel de viento y de uso de ordenadores (CFD, Computational Fluid Dynamics). Se impuso el toque de queda (curfew) y el proveedor único de gomas ha resultado un completo desastre que, sin embargo, ha sido crucial en determinados campeonatos...

Yo no tengo miedo a integrar en mi ecuación a estos tres incómodos inquilinos que son la pasta, la política financiera y los intereses intrínsecos a la actividad; los que lo tienen son quienes siguen empeñados en que hay que valorar todo esto como si sólo consistiese en carreras de coches y pilotos, en que Bernie es insustituible y las cosas siguen siendo como han sido siempre.

Mientras notábamos algo extraño en las retransmisiones, el octogenario británico se ha puesto hasta las tetas de pasta. Y no es por joder, que también, pero a lo peor hay quien sigue situado en el lado equivocado por pura y llana comodidad.

El austericidio iniciado en 2006 tuvo por objetivo modificar nuestro modelo de competición, y es triste comprobar que entre bobadas y luchas de trincheras, el capital ha ganado al deporte por goleada. Puedo dormir tranquilo porque lo avisé, pero no jodas que hay quien continúa dando la razón al carcamal que dirige el cotarro y ha originado que la Fórmula 1 llegue a nuestras casas puntualmente, sí, pero consista actualmente en que dos o a lo sumo tres equipos, controlen la totalidad de la parrilla tras años de pasar la garlopa en aras de reducir costos.

El supuesto abaratamiento tenía que haber dado lugar a que intervinieran más protagonistas, a que del primero al último mono tuviera opciones. Por contra, nos encontramos ante un negocio dentro del negocio. Las escuderías más potentes son suministradoras de las más débiles, y éstas están condenadas a seguir siéndolo porque las primeras definen las reglas. Y así, entre equipos «A», «B» o «C», o simples laboratorios rodantes, cada vez resulta más complicado distinguir algún resto de deporte.

Como decía al inicio, por pura inercia siempre hay espacio para la esperanza —ruego a Dios que así sea—. Doy por cierto que no existe un plan maestro definido para destruir la Fórmula 1, pero no podemos, ni debemos, contentarnos con esperar con los brazos cruzados a que Liberty cambie el rumbo de las cosas, simplemente porque es más cómodo asistir al sermón que molestarse en definir un discurso coherente con lo que estamos viendo temporada sí y temporada también.

Os leo.

5 comentarios:

Erathor Elensar dijo...

Estimado Jose:

No has podido resumir de una forma mejor lo que ha venido ocurriendo durante los últimos años.

Simplemente han vendido una austeridad fingida que garantiza el status de los grandes. Vamos que, estamos jodidos, porque seguimos siendo igual que en la época del garrote. El grande se tiene que comer al chico... :).

chema dijo...

Entre tanto la unidad de potencia Mercedes se intuye que supera los 1000CV y disfrutamos de una grandiosa la lucha por el título.

Interlagos dijo...

Brillante Josetxu!

El problema es que nos hemos acostumbrado a esta F1, incluso diría que nos hemos resignado.

Nos parece normal que un equipo tenga información privilegiada, que haga un test ilegal y que comience 2014 arrasando. Y dos años después lo siga haciendo porque la normativa impide al resto evolucionar, o mejor dicho, ponga un techo en su evolución.

Se prohibieron los escapes sopladores en 2011... durante una sola carrera que, qué casualidad, no fue ganada por Red Bull. A la siguiente carrera volvieron y otra vez arrasaron.

Y qué decir de los dobles difusores que fueron prohibidos en conversaciones privadas antes de empezar la temporada, pero que una vez arrancó sí eran válidos. Los misterios de guaitin.

También a Mercedes le prohibieron el FRIC, a sabiendas de que no era la pieza angular de su dominio, por lo que siguen en racha.

Ah, sí, a Renault le prohibieron el mass dumper. Eso sí les hizo daño y generó una competición muy equilibrada con Ferrari. Una vez prohibido no se les permitió recuperarlo.

En fin, que si no hay dinero, parné por medio no me explico tanta melindrez con unos y tanta manga ancha con otros. No señor.

Un abrazo!

GRING dijo...

Gran resumen del espíritu de los hechos. Por razones éticas y sanitarias estoy un poco alejado de una wrestling-F1 que me ofrece algo que ya sé de antemano que va a pasar;disfruto más con otras ficciones. Lo que sigue estando claro es que sigue habiendo dos tipos de gozadores: Los que disfrutan del espectáculo en superficie, con lo explícito, lo visible y la numerología, y los que rascan la pintura o quitan las carcasas para ver y entender mejor la estructura, el funcionamiento y hasta la filosofía de este espectáculo deportivo. Entre estos últimos, Senna, Alonso y Tellaetxe. Entre los primeros, tantos y tantos superficiales.
Saludos a todos, estén en uno u otro lado.

TINO RODRIGUEZ BENEDITO dijo...

Amen Jose...