miércoles, 10 de agosto de 2016

Secundarios S.L.


Un espectáculo que carece de actores secundarios no merece llamarse así, y mal que nos pese admitirlo, la Fórmula 1 ha ido desterrando del paddock a este tipo de personajes para potenciar la figura de la estrella. Sin más. Lo malo es que un puñado de estrellas no hacen una Vía Láctea. A lo sumo, y con suerte, con mucha suerte, pueden dar lugar a una película coral de superhéroes USA.

Bernie Ecclestone no es viejo pero estaba mayor cuando comenzó a desmoronarse una parte importante de su tinglado. Quizás no se dio cuenta, o como nos sucede también a nosotros, los vulgares mortales, no quiso acusar recibo de las numerosas señales que advertían que pareciendo todo igual, todo empezaba a ser distinto.

John Button, Big John, nos abandonaba a comienzos de 2014 y en sentido estricto, a él le corresponde el honor de cerrar una de las etapas más brillantes de la máxima disciplina, pues unos meses antes, ese lujado de señor llamado Mark Webber había decidido tomar las de Villadiego, y tiempo despúes, Michibata se apagaría silenciosamente para desolación de sus numerosos fans. Nos quedaba Pastor, pero ¿qué iba a hacer aparte de languidecer, un secundario como él en un mundo plagado de estrellitas de todos los tamaños y colores?

Frodo sin Sam no es nadie. Hyde sin el doctor Jekyll, Holmes sin Watson, Colombo sin su gabardina, no son otra cosa que miserables juguetes rotos, como el capitán Ahab buscando a Moby-Dick. 

Senna sin Prost y Prost sin Senna, valdrían cada uno de ellos la mitad de lo que valen en la actualidad, de no haber sucedido que cuando les tocó supieron ser secundarios de lujo. No sólo es oposición o equilibrio, que también, sino capacidad de réplica que ayuda al rival en guión a ser más grande sobre el escenario. No se trata tampoco de estar ahí, como relleno o para cumplir con lo que haga falta, sino de dominar el arte de la incertidumbre...

Para nuestra desgracia, la actual parrilla es más previsible que un crío ante un paquete de caramelos y más simple que el mecanismo de un chupete. El espectáctulo ha decaído tanto que apenas queda nada a lo que agarrarse que no sea mera pose, dentro y fuera de la pista. Por carecer, carecemos incluso de una figura como la que ofrecía Anthony Hamilton, un secundario ciertamente menor pero chupacámaras profesional e impredecible como un revólver cargado en manos de un chimpancé.

A Jean Todt no se le conocen perversiones como las que gastaba Max Mosley y resulta un tío soso de cojones y de todo lo demás. La parrilla es tan políticamente correcta que lo único que brilla son las tontunas de Lewis en sus ratos libres. Kimi se nos ha casado. La banca gana y nosotros perdemos pues ya no queda lugar para que un secundario grandioso como Rubens Barrichello, insinúe en una noche subidita de alcohol que Michael Schumacher perdía aceite, exponiéndose con ello a que el de Kerpen lo busque en Hungría 2010 para recordarle quién llevaba los galones en Ferrari.

Secundarios S.L. ha cerrado por falta de socios, aunque os confieso que a mí me queda un rosario interminable de buenos momentos, y la duda de si el Kaiser decidió volver a ponerse los cascos y los guantes sólo por encontrar a Rubens sobre el asfalto.

En fin. Os leo.