viernes, 12 de agosto de 2016

Historia(s) de la Fórmula 1 [José Ramón Lorenzo]


Antes de nada, disculpad la calidad de la imagen de entrada, está tomada hace millones de años, aunque el color del monolito delata que no es la primera que se hizo del momentazo. La primigenia seguro que descansaba en manos de Stanley Kubrick cuando poco antes de abandonar este mundo suspiró: Rosebud... 

Historia(s) de la Fórmula 1 (T&B Editores, 2013) es una obra no apta para melifluos que goza de un sabroso prólogo escrito por Lewis Hamilton. Historia(s) de la Fórmula 1 (T&B Editores, 2015) es prácticamente el mismo libro aunque extendido hasta finales de la temporada 2014... 

Tengo las dos ediciones, y espero ansioso la tercera porque un amigo es un amigo, porque para algunas cosas soy un friki compulsivo, porque me gusta sufrir, porque seguramente no andaba canino cuando compré el segundo volumen; pero fundamentalmente, porque leer a Joserra siempre me reconcilia con un mundo (el de las carreras) que de puro serio, avinagrado y falto de sexo, acabará rompiéndose por algún lado. Y si no, ¡al tiempo!

Pero a lo que vamos. La actualidad no permite que los bufones prosperemos aunque sigue necesitando personajes con agallas que expliquen al vulgo que todos los chistes que empiezan por había una vez un alemán, un francés, un inglés y un italiano, tuvieron su origen en la convulsa Maranello de finales de la década de los noventa del siglo pasado.

El humor es un arte pues sirve para ofrecer respuestas, siempre y cuando quien lo utiliza sea un artista, y a poder ser, completo. En este sentido, Joserra podría ganarse la vida honradamente y labrarse un porvenir como un gallego hecho y derecho, hablando de arquitectura, por ejemplo, o cine, literatura, incluso de Fórmula 1, áreas que domina a la perfección, pero secuestrado por el lado más perverso de la vida, ha preferido malgastar su enorme talento contando la verdad en un ambiente, que cada día que pasa busca con más ahínco el Santo Grial de la neutralidad entre pasiones sin par y arrobos inenarrables.

Pero para qué coño sirve la neutralidad si se puede explicar la quintaesencia del mierdismo genuino, por qué Ferrari no es Ferrari sin ese puntito de drama que la hace tan especial, o por qué mi Felipe no sería el mismo si no le sobrevolase cada vez que coge el volante, la posibilidad de ser humillado en cualquier instante.

Existe una Fórmula 1 vieja, de patrones que puteaban a su pilotos, de hombres de pelo en pecho que birlaban la novia al rival, que fumaban como carreteros o se emborrachaban, o que avergonzaban al compañero para encabronarlo antes de que el semáforo se pusiese en verde; que gracias al autor se abre paso a lo largo y ancho de las páginas de su libro y medio (dejémoslo así), y que nos viene a explicar meridianamente por qué Sebastian Vettel nunca pasará de ser un producto marca blanca, Hacendado, por muchos títulos que consiga.

El pasado está ahí y debe servir para algo, siquiera para entender —lo más sórdidamente posible—, cómo hemos caído tan bajo.

No os aburro más. Fernando Alonso es más rápido... ¡que tú!

Os leo.

3 comentarios:

Antonio Molina dijo...

Un crack este Joserra

Anónimo dijo...

Vettel es y siempre será un grande aunque te duela

Juan de la Cruz Sánchez Domínguez dijo...

Querido anónimo: Vettel es gilipollas completamente, aunque te duela.