martes, 12 de julio de 2016

La culpa es del alonsismo


A estas alturas de la película deberíamos haber interiorizado que el alonsismo es la madre de todas las batallas, pues no contento con arruinar nuestro futuro colectivo soñando imposibles —objetivo romántico y a la vez inalcanzable que se atribuye a Don Quijote en el musical Man of La Mancha (ahí, con dos cacahuetes, que cuando los anglosajones quieren pillar cacho no los para nadie)—, destruye aficiones, siembra de envidia el deporte, vacía Montmeló y fleta autobuses para abuchear a Sebastian en Spa-Francorchamps (2012), o a Lewis en Spielberg y a Nico en Silverstone de este mismo año...

Y el caso es que se aventuraba que nos íbamos a ir en cuanto el Nano perdiera brillo, pero no, aquí seguimos, aguantando lo que nos echen, siquiera para contribuir a desmantelar un tinglado que por otro lado se cae a trozos. Y no me refiero tanto al de la Fórmula 1 —que aguantará, ya lo veréis—, como al del servilismo que medra olvidando y mintiendo por no mirar la realidad de frente.

Así las cosas, si ayer hablaba de Max Verstappen, hoy toca mencionar la otra cara de la moneda: Daniil Kvyat, quien a decir de los entendidos, parece una sombra de sí mismo después de que tito Marko pagara sus servicios con una patada en el culo.

A ver, lo de la patada en el culo es de mi cosecha —tampoco pretendo arrogar a nadie conclusiones surgidas de actitudes ante la vida que no muestran—, pero viene al hilo porque al paso que vamos, entre que la escuela de Jóvenes Pilotos de Red Bull es una trituradora, herr doktor un tipo exigentísimo y la Fórmula 1 los mundos de Yupi para lo que queremos y el mismísimo infierno cuando hay que justificar cualquier mandanga, se nos va a olvidar que a Jaime también lo apuñalaron por la espalda. Vamos, que el método utilizado con el ruso no es para nada nuevo.

Y no os creáis, no siento ninguna pena por el torpedo de Ufá. Confesó en su día que Marko le llamó mientras jugaba a la PlayStation, y eso es síntoma de una envidiable salud porque Daniil no es ningún idiota y esperaba a su verdugo haciendo lo que le gusta, que a un hijoputa lo esperas pensando en que tu futuro ha sido pintado de negro y con brocha gruesa, y además de arruinarte la vida te jode la cena.

Lo que me apena es lo otro, lo que hay detrás del asesinato profesional de un individuo que subió a Red Bull al podio de China, del que no sabremos jamás qué habría hecho con el RB12 que ha surgido después de que Heineken sea patrocinador global y Pirelli haya convertido todos sus compuestos en piedras, y tiene que conformarse a cambio, con ser enterrado vivo en un proyecto en declive para que Franz Tost diga que en Toro Rosso vuelve a reinar la calma.

Que yo recuerde, John Booth había sido contratado por la de Faenza para facilitar que Max y Carlos llegaran vivos a final de temporada... Alguien ha mentido en esta historia. A lo peor ha sido el mensajero. A lo peor la culpa también la tiene el alonsismo.

Os leo.