sábado, 4 de junio de 2016

The wall of the champions


Sólo tenemos una vida, y es quebradiza y se rompe... Y es viernes como tantos otros viernes, y seguimos mirando al mañana como si nada, pensando que somos poco menos que indestructibles. 

La Fórmula 1 viaja dentro de poco a un lugar de Canadá que rinde homenaje, que se llama, como aquel gigante que introdujo sus manos en mis entrañas un lejano 8 de mayo de 1982 para hacerme llorar y revolverme por dentro, con la intención de que recuerde mientras viva que el motorsport no es peligroso, que lo realmente peligroso es vivir.

Sólo tenemos una existencia, pero es frágil y tiene fecha de caducidad...

Hay quien muere de puro aburrimiento, de tedio, de tristeza o de amor, por mil y una razones diferentes, de hambre o de cáncer, y hay quien deja esta vida como soñaba hacerlo... No sé si Luis Salom pensaba en eso antes de coger el manillar de su moto.

Cuando Tomizawa moría en 2010, hubo quien afirmó que el piloto japonés había fallecido haciendo lo que quería hacer, como si una cosa sirviese para justificar o atenuar lo irreversible de la otra. Maldije en público el atrevimiento, y me imagino cómo. Rechacé la idea, traté de argumentar que nadie muere haciendo lo que quiere hacer. Se muere sin más. Pero olvidaba que la historia está plagada de hombres y mujeres que imaginaron alguna vez cómo iba a ser su final, que habían asumido en algún momento, que en su ecuación vital sólo faltaba concretar el cuándo o acaso un furtivo tal vez que desbaratara el pronóstico. No había muerto mi hermano, no había perdido a tanta gente querida, María seguía sonriendo...

Hoy es el día, sin embargo, en que querría elegir cómo abandonaré este mundo. No es tan difícil, pienso ahora. Si haces lo que te satisface o te llena, a buen seguro la parca te pillará con la sonrisa en la boca. Lo peliagudo del asunto es hacer lo que te gusta, eso es lo realmente jodido...

Desgraciadamente sólo disponemos de una vela. Larga o corta, su utilidad viene marcada por la estabilidad de su llama. No tiene relevancia si ésta se apaga pronto o tarde. Se hace la oscuridad y ya está, pasas de ser una vela iluminada a ser una vela apagada, tengas 56 o 24 años. 

No sabía de Salom, pero el frío y la incredulidad recorrían Twitter y Facebook esta tarde, y mientras pensaba hace un rato en que ya era hora de irme a la cama, he recordado que en una semana visitaremos el Gilles Villeneuve de Montreal, donde hay un muro que replica con exactitud esos muros que nos rodean a todas horas, donde sin duda acabaremos estrellándonos aunque no queramos. Algunos los miran con miedo y de lejos mientras unos pocos se atreven a acercarse lo suficiente como para rozarlos.

Sólo nos han dado una vida, pero es quebradiza y se rompe...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Descansa en paz, Salom.

ro pose dijo...

La muerte esta siempre al acecho. No creo que la familia ni amigos estén ahora para pensar mucho en todos los apoyos y cariños que están recibiendo. Es lo más duro que hay y cuando pasa nada consuela.

Pero desde aquí no puedo hacer más que desearles lo mejor en estos momentos te duros

anonimo dijo...

La muerte siempre es un tema difícil para tratar, inclusive cuando se trate de una persona de 110 años que tuvo una vida intensa y ejemplar. De alguna ayuda sirven las estadísticas (no es lo mismo subirse a un F1 ahora que lo que era en los 50s y 60s, donde la muerte era casi una certeza), pero cuando le toca en suerte a alguien, como el caso de Luis Salom, pues es el 100% de sus vidas; la estadística pasa allí a un segundo plano.
Lamentablemente hay muertes que valen mas que otras. Recuerdo cuando muere Senna, que se hizo todo un cambio en la F1, pues había un muerto y el anterior ya era casi una historia olvidada. Pero ¿Habría tenido el mismo eco la muerte de Ratzemberger del día anterior, si no hubiera ocurrido lo de Senna?
El motociclismo tiene algunas limitaciones. Se avanzó mucho, claramente, pero los niveles de seguridad no están aún cercanos a los autos. Puedes caer de tu moto casi sin consecuencias, pero a pesar que no hay un impacto dañino te pisen y te maten, como le ocurrió a Simoncelli. La mayoría de los choques y caídas son espectaculares, y las vemos en primer plano con repeticiones en cámara lenta, pero el piloto se levanta y vuelve a los pits caminando. Lo de Salom es todo lo contrario: Hay imágenes muy difusas, pero el piloto queda allí. Las caídas y choques venden bien, las muertes no. Por caso tampoco hay imágenes buenas del choque de Ayrton, del de María de Villotta, o del de Jules Bianchi. Puede que sea casualidad, o no.