sábado, 18 de junio de 2016

Los domadores de fieras #25TLM16 [01]


Este mes de junio puede suponer un completo sindiós para este blog. No he echado la cuenta sobre cómo va el asunto, pero recuerdo que en 2014 llegué a escribir 56 entradas en en el mismo periodo de tiempo, y al paso que vamos, creo que este año superamos con creces esa cifra.

Hablábamos antes de belleza y sigo en la cola del pelotón, pero permanezco tranquilo. Nico Rosberg ha conseguido la pole en la calificación para el Gran Premio de Europa y el circuito de La Sarthe, es, en estos momentos, una serpiente de colores apagados con un Porsche en cabeza tras 52 minutos de Safety Car.

Todo está tranquilo. Más aquí, en Gorliz. Después de una mañana pasada por agua, la tarde inclina a hacer paseíto hasta la playa...

Y los coches, que no se nos olviden...

Desde la aparición de la publicidad sobre las carrocerías de los vehículos de competición, ha llovido tanto —en sentido estricto—, que ni recordamos que hubo un tiempo en que sin este complemento decorativo las fieras eran leones o tigres, o leopardos o panteras, y sus domadores, tipos arrojados que las domaban en el interior de una jaula cuya circunferencia establecía las lindes entre lo conocido y lo desconocido. Hoy es sencillamente distinto. Desnudas de pintura y vinilo la piel de las pseudobestias que corren por los circuitos del Señor, y el domador y el público no saben a qué atenerse porque no comprenden lo que tienen enfrente. Todo es tan igual...

Lo entienden, vale, hasta ahí ya llego, pero a lo que me refiero es a que desnudados de publicidad, los trastos de hoy son casi como dos o tres gotas de agua a lo sumo, en Fórmula 1 y en las categorías superiores del WEC (World Endurance Championship FIA), lo que bajo mi humilde punto de vista merma la capacidad de los conductores para diferenciarse del resto de rivales.

Puede parecer una chorrada como la copa de un pino, pero domador y fiera son un uno indivisible desde que se inventó el circo de toda la vida. 

No es lo mismo, ni lo parece, tenérselas que ver en el interior de un enjaulado con un león que con un tigre de Bengala. No es lo mismo un leopardo que una magnética pantera negra que podría haber interpretado el papel de Bagheera en El Libro de la Selva. No es lo mismo ser uno más, del montón, que jugarse el pellejo lidiando con una meravigliosa ed unica macchina, que con una pieza cuyo clon corre al lado aunque con librea diferente, verbigracia de que las leyes de la aerodinámica tienden a la igualdad de soluciones ante similares puntos de partida.

Entiendo que los que no peináis canas no lo comprendáis, pero antes del diluvio, antes de que el abuelo cebolleta hubiera nacido, conducir un Ford GT40 o un Ferrari p330 imprimía carácter. Ambas plataformas eran distintas, radicalmente diferentes en comportamiento y forma, y quien se sentaba al volante de cada una de ellas tenía por obligación reinventar el mundo a su manera...

La publicidad es alimento indispensable del motorsport, pero ha matado el alma que alienta cada cacharro. Hoy todo son tigres, o leones, o panteras. Ya no existe belleza indiscutible, pura. Hay cosas que se parecen a cosas, como si el deporte fuese el bazar de todo a 100 regentado por un chino.

Peino canas, me he hecho viejo, pero os juro que existió una etapa de lo nuestro en que los domadores de fieras se ganaban el sueldo con sudor y diferencias. Eran únicos, y en el fondo, nuestros ojos también lo eran.

Os leo.