martes, 22 de marzo de 2016

Mano izquierda


La situación en el seno de Toro Rosso parece salida de madre después del Gran Premio de Australia y hay quien ya está pidiendo correctivos sobre Max Verstappen, como si fuese posible, y voy más lejos: como si fuese conveniente.

Antes de nada, me gustaría comentar que a lo peor nos hemos hecho una idea equivocada con lo que sucedió realmente. No sería la primera vez, ni sospecho que la última, en que el FOM hace un uso torticero de esas conversaciones que tienen lugar entre conductores y escudería, ni tampoco, que los medios de comunicación y los aficionados muerdan el anzuelo, provocando a continuación un aluvión de informaciones, declaraciones y contenidos varios, que a la postre no hacen otra cosa que desvirtuar lo ocurrido.

No queda lejos la que se montó alrededor de las supuestas quejas que mostró a través de su radio Fernando Alonso en el pasado Gran Premio de Japón. Como recordaréis, al final, ni Honda ni Dennis se habían sentido agraviados por lo dicho por el piloto español, y como siempre sucede, aquello se olvidó a pesar de los regueros de tinta que había originado. ¡Pelillos a la mar!, que dicen.

Así que me remito a lo mencionado en el párrafo anterior para tomarme con suma cautela todo lo que está surgiendo estos días alrededor de la vida y milagros de la de Faenza, y por supuesto, de sus habitantes.

En este sentido, el cabreo de Max resulta totalmente comprensible ante el undercut que le metió Carlos Sáinz en el primer stint después de la bandera roja.

Pongámonos en lo mejor: Carlos tenía las gomas en las últimas, avisó por radio y Toro Rosso dio por buenas sus explicaciones, entiendo que porque la telemetría o los sensores, o ambos, indicaban que efectivamente tras la batalla con Hamilton, los compuestos no iban a durar mucho...

Pongámonos ahora en lo peor: Carlos fue lo suficiente avispado como para meter un gol por la escuadra a su equipo con la intención de quitarse de en medio a su compañero, lo que nos pone en que tuvo que ser sumamente convincente, ya que en caso contrario, le habrían ordenado seguir en pista...

De una u otra forma, Max, que no sabía qué había ocurrido, protesta y sus palabras las escuchamos todos, verbigracia del FOM y su formato de retransmisión —las secuencias de sonido nunca son en directo, sino que son elegidas antes de ser emitidas con algo de retraso—. Y vuelve a protestar solicitando que el madrileño le devuelva la posición, y retransmisión mediante, sus protestas las vuelve a escuchar todo el mundo...

El undercut ha sido efectivo. Sáinz navega por delante de Verstappen y eso es lo que hace esta escena interesante, porque ambos pilotos —que no me cansaré de repetirlo: son de lo mejorcito de la actual parrilla en cuanto a espectáculo—, se enzarzan en una guerra fratricida. El español controlando al Holandés, y éste intentando hincar el diente a su colega de colores, incluso llevando las cosas a un límite con el que, sinceramente, no estoy de acuerdo.

Bien, Max había perdido los nervios cuando por muy poco no se lleva puesto a Carlos. Puso en riesgo los 3 puntos que consiguió Toro Rosso al final. No estuvo bien y no voy a defender su actitud. Lo que no es óbice ni cortapisa para que lo entienda, y para que entienda también, sus comentarios y declaraciones posteriores.

Son dos chavales y Helmut Marko ya había avisado unos días antes, que no le temblaría la mano en mandar a tomar por el flete a quien no demostrara que merece el asiento que ocupa tanto en las filas de Milton Keynes como en las de Faenza...

Parece que no se juegan nada pero hay mucho que se juegan en cada prueba.

Ayer escribía que Sáinz me pareció soberbio. Estuvo frío y controló en todo momento la lectura de la carrera. Le dijo a su ingeniero que no podía correr más cuando éste le apremió a que apretara, aguantó a Max en sus ataques. Salió vivo de la embestida del hijo de Jos. Llegó en la nona posición...

Verstappen no estuvo magistral que digamos. Se descentró a partir de haber perdido la posición. Quizás se enceló demasiado con Carlos. Sin duda dejó de leer correctamente la carrera a partir de ese instante, pero tampoco estuvo tan mal como se nos quiere hacer creer.

Tu primer enemigo es tu compañero, ya sabéis, y Max se lo tomó al pie de la letra...

Y aquí viene donde la matan. Porque uno y otro, actuaron muy por encima de lo que se espera de dos jovenzuelos que militan en la máxima disciplina del automovilismo deportivo. Y esto, honestamente lo digo: me parece lo suficientemente bueno para el aficionado y el espectáculo en su conjunto, como para que nadie reclame medidas disciplinarias. Porque no serviría de nada. Porque no se pueden poner puertas al campo. Y porque para una cosa guapa de verdad que sucede en la Fórmula 1, sería una lástima que la estropearan.

Sin duda, Franz Tost tiene ante sí una papeleta complicada de resolver, pero no soy partidario de que utilice el látigo como proponen algunos, ya que se desvirtuaría esa genuina rivalidad que existe entre los dos pilotos de Toro Rosso, y fundamentalmente, porque con un poco de mano izquierda, intuyo que la situación resultante, sería mucho más beneficiosa para todos. Ellos y nosotros, los que a la postre disfrutamos de los Grandes Premios o nos quejamos de la excesiva injerencia que muestra el muro del equipo en el normal discurrir de los pilotos sobre el asfalto.

Os leo.

2 comentarios:

GRING dijo...

Primera carrera de la temporada.20 carreras por delante. Máxima (¿sana?) rivalidad entre dos promesas que probablemente pelearán en el futuro por títulos. Uno,cauto y comedido, marca familiar. Otro, con un padre que alaba las habilidades y el caracter agresivo sobre la pista de su hijo, también marca de la casa. ¿Que hay que tener mano izquierda? A su edad la mano izquierda la tiene que usar para reducir el stress y los niveles de testosterona que le harán pensar más y mejor dentro y fuera del cockpit,cerrar el pico y dedicarse a crecer como piloto y como persona. Y a los aficionados, que nos dejen disfrutar de competitividad en estado puro siempre y cuando no corra peligro la vida de nadie, por supuesto.
Saludos!

Jordi Escola dijo...

Creo que estamos asistiendo a la creación profesional y mediática de dos perfiles, que mimetizan dos formas de ser completamente diferentes, pero da la impresión, que están diseñadas por sus respectivos padres. Y talento, no falta evidentemente. Otra cosa es el control, ante dos posturas -y la necesidad inmediata de éxito- absolutamente competitivas y necesariamente divergentes.