lunes, 28 de marzo de 2016

Ahora que no nos lee nadie [00]


Cada cierto tiempo, hay quien se me acerca para preguntar si puedo explicar tal o cual cosa sobre el diseño de los modernos monoplazas. Ocurre por teléfono o por mensaje privado, vamos, que ya no es como antaño, que veníais aquí, me lanzabáis el guante, y yo, como buen vasco, lejos de rechazar la apuesta la contestaba en la medida de mis posibilidades, demasiadas veces sin saber en qué jardín me metía.

Poco a poco he ido dejando de tratar las cuestiones técnicas en público. Soy consciente de ello y sé también que lo habéis notado, al menos los que me seguís desde hace tiempo, lo que no me ha impedido larvar de hace un par de temporadas para acá, unas ganas locas, pero locas, locas, de volver al ruedo, fundamentalmente, porque sigo pensando que un vehículo de carreras continúa siendo una cajetilla monoposto de cerillas con cuatro ruedas a los lados, por mucho que se lleven las manos a la cabeza los que serían capaces de analizar al detalle un frigorífico mientras acumulan seguidores en las redes sociales.

Y ojo aquí, que no quiero menospreciar a nadie, ni mucho menos el estupendo trabajo que realizan entre otros, gente como J. M. Díaz Olmo o Jerónimo Garzón, dos de mis técnicos de cabecera, y de lo mejorcito, ¡palabra del Niño Jesús!, pero sí que añoro algo de más pisar el suelo porque al final, acaba dando la sensación de que hace falta tener un máster para disfrutar de las carreras cuando nunca ha sido así.

La parte técnica es importante, y más en estos días, pero hay que saber administrarla, como todo lo demás.

En mi libro menciono la correcta alimentación como ejemplo para acercarse a la Fórmula 1 sin correr riesgos innecesarios. Carbohidratos, grasa y proteínas, a poder ser bien equilibrados en cuanto a cantidades, porque ingerir más de un elemento que de los otros, acaba resultando fatal para el organismo sí o sí. Pues en nuestro deporte, igual: estrategia, técnica y conducción, y no por este orden. Y si hay que sazonar, desde luego que sea con algo de política o negocio, nada de sal.

Y es que a ver, todavía suelo andar explicando lo que es la bandeja del splitter (T-Tray) y para qué sirve, cuando no es otra cosa que un puto impedimento para que la zona frontal del fondo plano nunca o casi nunca roce el suelo. 

Es un amortiguador mecánico, como lo leéis, que impide que el suelo del monoplaza consiga mayor downforce de la que la FIA ha estimado como normalizada, que, obviamente, ha evolucionado y ofrece en la actualidad algunas otras funciones más, como son canalizar el aire por arriba, por los laterales y por debajo de su superficie, lo que no contradice que siga siendo una puñetera pestaña flexible. Y dejémoslo de momento ahí.

Sobre el S-Duct también tendría mucho que decir, como sobre las salidas secundarias del aire proveniente del wastegate y la dirección de su spin...

Me estoy enrollando, cosa que no quiero, porque todo se reduce a que con un poco de tiempo —los dibujos, esquemas e imágenes finales, me llevan bastantes horas de trabajo—, antes de despedirme de todos vosotros quiero demostraros que la Fórmula 1 no es tan compleja en su parte técnica como se nos quiere hacer ver por los analistas de frigoríficos.

Es un reto que me parece asumible, y que en el fondo, creo que nos vendrá bien a todos por aquello de desmitificar la cosa.

Aunque no lo creáis, hubo un tiempo en que a la gente le importaba un pimiento cómo estaban hechos los coches de carreras, pero así y todo, disfrutaban incluso más que nosotros de cada prueba del calendario oficial... Tal vez el retorno a esa etapa de nuestra historia no sea tan complicado como nos propone la ortodoxia o la necesidad de acumular seguidores en Twitter.

Os leo.


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