sábado, 23 de enero de 2016

When you really loved someone


De los creadores de se nos va hasta el Tato porque este truño no lo aguanta nadie, se ha filtrado la intención de modificar la Curva Grande di Biassono de Monza, más conocida como Curvone.

Una pijadita, no más. Se capa con nocturnidad y alevosía una de las curvas más señeras del calendario y se sustituye por un sí es no es con chicana incorporada. Se mata un poquito más la catedral del automovilismo y todos tan contentos, a pensar en otra cosa, o en su caso, a seguir disfrutando del live timming y las estrategias, mientras el mismísimo Gerhard Berger admite que se ha dormido en más de una carrera durante 2015...

La cuestión, al parecer, sigue consistiendo en huir hacia adelante. En este sentido, no debe extrañarnos que la prioridad del deporte para este año sea el aumento del sonido. Bernie necesita como agua de mayo vender el negocio y por hache o por be, la mayoría de críticas venían precisamente por su ausencia.

La articulación para esta temporada de una o dos troneras secundarias junto a los escapes, ayudará sin duda a que la cosa mejore acústicamente, aunque en definitiva, la novedad sale prácticamente por el mismo sitio que la antigua solución. Magneti Marelli también está implicada y promete una sensible mejoría de decibelios que se podría tasar en un 25% de ganancia con respecto a 2014 y 2015. Pero uno en su infinita ingenuidad, yo en este caso, se sigue preguntando cosas, como por ejemplo: ¿de qué coño sirve mejorar el sonido si los motores actuales rara vez pasan de las 14.000 revoluciones y los circuitos siguen siendo cercenados?

La salida es uno de los momentos más vividos de las pruebas y por ahí podrían ir los tiros. Sin duda, será todo un espectáculo presenciar cómo los vehículos de la parrilla van escalando tonos, que luego, la realización pasará olimpicamente de los coches que vayan en cabeza y se centrará en la montonera, donde siempre suelen suceder las mejores peleas. ¿A quién le importará entonces el ruido? Sospecho que a nadie.

Sí, por ahí debe de ir el asunto.

Pero a falta de más pistas y dando por seguro que la arrancada es el momento crucial del nuevo invento, propongo que se organice algo excepcional y asombroso para cada prueba del Mundial, de forma y manera que los veintidós vehículos participantes puedan dar lugar a una canción reconocible entre todos, a golpe de acelerador, claro. Imagino el When you really loved someone de ‪Agnetha Fältskog‬ (ex ABBA) en los primeros metros del Gran Premio de Italia, y os juro que se me caen los gayumbos.

Pero luego y ya en harina después de haber cumplido el trámite, nada de caudalímetro ni vainas, a tope, como ha sido siempre. A por esas 15.000 revoluciones que marca el reglamento y más allá si se puede, y a poder ser por rectas interminables y curvas que merezcan ese apelativo, con el piloto poniendo alma a la máquina que conduce, jugándosela en cada centímetro de asfalto. Ya veriáis cómo se nos olvidaba el sonido...

Os leo.