sábado, 2 de enero de 2016

¡Venga, va. Este año me retiro!


Si María de Villota no podía ser considerada piloto de Fórmula 1 porque carecía de superlicencia, Pedro Martínez de la Rosa, que sí dispone de ella, debería ser considerado a todos los efectos piloto de Fórmula 1 y por tanto, la broma familiar que el barcelonés compartía ayer en las redes sociales, no debería haber generado ningún tipo de debate.

Con la humildad que me caracteriza, os diré que intuyo que Pedro ha dicho tantas veces en casa «¡Venga, va. Este año me retiro!», que es de todo punto comprensible y normal que Reyes comenzara a carcajearse al volver a escuchárselo decir a su marido...

Dicho lo cual, y habiendo destruido el secreto y de manera preventiva el intríngulis de esta entrada, quiero reflexionar este mediodía sobre la tontuna que nos embarga cuando nos ponemos más papistas que el Papa, para a renglón seguido intentar hacer leña de un supuesto árbol caído porque éste bromea sobre su retirada.

Digo yo que si Pedro juega con la idea de su retirada es porque piensa que puede retirarse de lo que ha hecho media vida: jugarse el tipo en los circuitos. 

Y aquí quería llegar yo, porque con la mitad del historial profesional que atesora el catalán, en Francia, Gran Bretaña o Brasil, por poner tres ejemplos de afición «entendida», se habría comprendido la broma a la primera. Es más, seguramente, la mayoría de esos aficionados que aquí envidiamos tanto, habría sentido tristeza ante la posibilidad de que no fuese una chanza. Pero estamos en España y aquí todo es distinto. 

De la Rosa es un gafe y de ahí no lo sacamos. Un gafe con mucha suerte, como he comentado más de una vez. Y también un tipo sobrevalorado que ha pasado por Jordan, Arrows, Jaguar, McLaren, Sauber, HRT, Pirelli y Ferrari...

Hace cierto tiempo que no conduce y eso ha bastado para cuestionar de nuevo que siga siendo piloto.

Instintivamente he pensado en cómo dejó de ser escritor Jerome D. Salinger, cuando decidió no publicar más a pesar de seguir escribiendo, o en cómo Stanley Kubrick dejaba de ser director de cine entre película y película, porque después de filmar Barry Lindon comenzó a tomarse su tiempo antes de volver a ponerse detrás de una cámara. Para qué os lo voy a ocultar: también he pensado en que Reyes podía no estar riéndose de las palabras de Pedro, sino de la que se iba a montar a su cuenta en éste nuestro bendito país.

Os leo.