sábado, 9 de enero de 2016

Addio, Maria Teresa!


Hoy nuestro deporte ha perdido uno de esos elementos que lo hacen tan especial. Ha muerto una anciana de 89 años que tiene una estadística que jamás podrán arrebatarle Sebastian Vettel, Max Verstappen o Carlos Sáinz, pues ha sido la primera mujer que participó en el Campeonato Mundial de F1, tal y como lo conocemos. 

Con ese dato, sencillo pero épico, por lo que conlleva, Maria Teresa de Filippis grabó su nombre en la Historia de la Fórmula 1 por siempre jamás. Y así la recordaremos a partir de ahora, ya que no le hizo falta vestirse de hombre ni hacerse pasar por varón, ni andar tonteando con el masculinato para lucir sus facultades al volante. 

Quería conducir, sabía hacerlo, no temía a la muerte y encontró los apoyos necesarios para intentar estrenarse sobre un Maserati 250F en la parrilla del Gran Premio de Mónaco de 1958 —cosa que no consiguió—.

A partir de ahí, cómo no, tuvo que vérselas con una mentalidad de pantalones que no estaba preparada para aceptarla. Más o menos como sucede ahora, cincuenta y ocho años después, ¡manda huevos!

Tan sólo cinco participaciones cuando las temporadas ofrecían nueve pruebas a lo sumo. Dos de ellas totalmente estériles y curiosamente en el mismo circuito: Montecarlo; la primera y la última, además, aunque con diferentes coches. Un décimo puesto en el siempre complicado Spa-Francorchamps, más si cabe entonces, 1958, cuando medía 14 kilómetros y discurría por el interior de los bosques de Las Ardenas. Y dos abandonos ese mismo año: en el trazado de Oporto (Portugal) y en el de Monza (Italia), cuando este último era un auténtico templo de la velocidad con su cuerda de 10 kilómetros, donde cuentan los que saben de esto más que yo, en cada uno de sus centímetros se escuchaba a los ángeles implorar clemencia al Altísimo por los locos que se atrevían a recorrerlo compitiendo a rápidos con el viento...

Es curioso que Maria Teresa nos deje precisamente hoy... 

Decidió abandonar las carreras de coches cuando murió Behra diecisiete días antes de que yo viniera al mundo, en agosto de 1959. Y ahora se despide de la vida, cuando hemos vivido las risas de Reyes a cuenta de que Pedro, su esposo, podría colgar los guantes y el casco y la gente se lo ha tomado por donde no debía. 

Ahora, repito, cuando se ha reabierto el debate de si nuestro pilotos son demasiado mayores y deberían hacer el esfuerzo por aliviar hueco para que lo ocupen las nuevas generaciones, De Filippis nos recuerda con su desaparición, que en Fórmula 1 están siempre los que se lo merecen, por dinero, por calidad, se vistan por abajo o por arriba, fundamentalmente por abajo, porque esto siempre ha sido un mundo de hombres en el que sin embargo, han cabido hazañas precursoras como las de la italiana, quien por cierto, siempre se refirió a sí misma como piloto de coches, incluso cuando vestía falda de tubo.

El año pasado pudimos verla de nuevo. Con la edad que tiene mi madre. Conduciendo sobre Monza el monoplaza con el que Fangio se consagró como pentacampeón del mundo. El mismo cacharro que ocupó ella para morder el polvo en un lejano Gran Premio de Mónaco de 1958, quedando a 10 segundos de la cabeza y sin poder clasificarse, desde luego, pero metiéndole 4'15 al tipo que se viste por abajo y hoy dirige la Fórmula 1: Bernie Ecclestone.

Addio, Maria Teresa!