miércoles, 23 de diciembre de 2015

Se masca la tragedia


Está la cosa más achuchadita que este pasado verano, que ya es decir. Que sí, que esto de las Navidades nos acaba tragando a todos. Que empieza en septiembre El Corte Inglés con la monserga y acabamos hasta las narices del turrón y los regalos, allá como a mediados de noviembre. Pero mon Dieu! no salen del agujero ni los que no hace tanto, vivían la Fórmula 1 las veinticuatro horas del día.

Hoy he coincidido con Íñigo, el de las veinticuatro horas que comentaba antes, y lo que me ha dicho nada más verme, no ha sido ni buenos días ni qué tal te va todo, Jose; ni siquiera me ha preguntado si me ha tocado la lotería o cómo va mi libro; sino que ha vomitado un sonoro y apremiante: «¡Jenson y Jessi lo han dejado...!», como si a las 11:37 de esta mañana se acabara el mundo.

Os podéis imaginar que me ha entrado la risa y por muy poco no me desorino toda, que diría aquél.

A ver, Íñigo es un tipo legal que ya ejerce de padre responsable, y uno de los pocos amigos que me quedan de la época de rolero, por eso y alguna cosas más, le quiero. Grandilocuente, amén de semiserio aunque con buen y profundo sentido del humor, gesticulante a más no poder, magnético a su manera, me ha servido más de una vez para sondear cómo va por ahí fuera el mundillo de los cochecitos de colores, y la verdad, siendo sincero tengo que deciros que me ha resultado más certero que las ranas cuando las presuntamente preñadas consultaban sus horas con los batracios.

Se me ha calmado la risa mientras tomábamos el café y hablábamos de otras cosa, pero me ha quedado el runrún del divorcio de Button y Michibata y cuando volvía al estudio, he recapacitado sobre lo jodido que debe andar lo nuestro, como para que a falta de noticias auténticas, la noticia con mayúsculas sea un divorcio entre dos iconos del paddock.

La silly season nos ha comido la tostada. Íñigo, de nuevo, vuelve a tener razón. 

No parecemos un pasatiempo serio. Nos hemos convertido en el Hola de las cuatro ruedas. Vale más ahora mismo una ruptura de relación, que Hamilton jure y perjure que va a ser bueno, o que la escudería que no pretendía hacer de Le cirque du soleil, ande emitiendo breviaros que podrían haber firmado los payasos de la tele...

Eloy hace espeleología por ver qué encuentra en la lista de morosos que nos ha presentado la Agencia Tributaria para que se nos olvide que ayer no nos tocó el gordo.

El mundo es un poquito mejor, o peor, quién sabe, pero sigo viviendo entre gatos y abuelas, y de los primeros aprendo cada día que me estoy volviendo un poco más Mark Twain de lo que he sido siempre. Me miran y sé que saben que esta Navidad será la primera que pasaré sin escuchar la voz de mi hermano. Los acaricio, y siento que me comprenden como no hace ningún ser humano sobre la Tierra. Percibo su ronronear y entiendo a Íñigo: no está la cosa como para andarse con paños tibios. La pareja más emblemática de lo nuestro se ha ido al carajo, y el horizonte se tiñe de tonos oscuros, para avisarnos de que más pronto que tarde, lo acabaremos pagando.

Se masca la tragedia, ya sabéis.