miércoles, 12 de agosto de 2015

The war of the Roses


Dentro de lo patético que resulta que un proceso de cambio de posiciones dentro de la parrilla afecte nada menos que a un 30% de la misma, y hasta 2017, tirando por lo bajo, es de agradecer que la Fórmula 1 nos dispense episodios con que entretenernos mientras vuelve a ponerse en marcha.

El divorcio entre Renault y Red Bull dicen que va para largo y tendría implicados a 6 pilotos de 20 y a 3 escuderías de 10 —el 30% respectivo que aludía antes—, ahí es nada. La propia Red Bull, su filial Toro Rosso y Lotus, equipo este último que podría estar más en manos de la fábrica gala de lo que ha trancendido, se encuentran en estos momentos en un atolladero cuya salida no se prevé hasta finales de 2016, lo que nos pone en que como decía antes, Daniel Ricciardo, Daniil Kvyat, Carlos Sáinz, Max Verstappen, Romain Grosjean y nuestro querido Pastor Maldonado, tendrían ante sí una temporada y media que yo, personalmente, no le desearía ni al peor de mis enemigos.

Y el caso es que todo esto sucede en un esquema consensuado por FIA, FOM y escuderías, que pretendía asegurar la estabilidad de todas las partes implicadas, pero que está visto que lo único que ha conseguido hasta el momento, ha sido implantar un caos que no se merecen los aficionados.

Todo surgió porque Renault metió la pata hasta el corvejón a comienzos de 2014 pretendiendo cubrir las necesidades del mago de Milton Keynes —a ver si encuentro un hueco y desarrollo un poco todo esto, que dicho así, Newey queda muy prendido por alfileres—. El RB10 salió caca aunque Ricciardo supo extraer de él bastantes bondades. Pero Vettel se pasaba a Ferrari mientras se quedaba en el camino Caterham y Lotus apostaba por cambiar de unidad de potencia para 2015...

Hubo quien se felicitó por el desastre, no os creáis. Mateschitz saludó la circunstancia. Horner entrevió una bonita oportunidad de ser el cliente one de la francesa en 2015. Incluso Marko y Taffin vieron que todo era bueno...

Pero llegó 2015 y las cosas no han mejorado, sino que han empeorado. La unidad de potencia de Viry-Chatillon ha resultado súmamente frágil; el RB11 parece estar peor resuelto que su predecesor; el coche de Faenza se ha mostrado más sólido, rápido y fiable que su hermano mayor, y eso que para su desarrollo se contó con menos presupuesto... Y lógicamente, Carlos Ghosn se ha cansado de que Milton Keynes cargase una y otra vez contra Renault, abriendo de par en par la posibilidad de hacerse con un equipo que no hiciera la cusqui a la marca...

El elegido es Lotus. Del primero al último mono del paddock lo sabe. La gala solicitaba refuerzos y la empresa de Mario Illien se los daba, pero está pillada, como ha tenido a bien recordar Christian Horner en las últimas horas. El contrato que une a la francesa con la austriaca hasta finales de 2016, otorga a esta última una categoría de cliente preferencial que no se puede romper a la ligera, lo que nos pone en que si el divorcio va bien y para corto, a lo mejor a Red Bull no la conocemos a final de año porque Renault tiene seria necesidad de sacar pecho antes de ponerse a lo suyo. Y si va mal y para largo, Dios no lo quiera, en que tres escuadras estarían en el alero porque la gala tendría que medir muy bien sus pasos y evitar enseñar todas sus cartas, y también, en que seis pilotos se expondrían a hacer el vaina sobre la pista al menos durante otros 18 meses...

Dani de Vito coge todo este material, y lo borda...

Os leo.