jueves, 27 de agosto de 2015

Malos y buenos


En uno de los capítulos de mi libro hablo precisamente de lo mucho que me cuesta discriminar, y de ese amor desmedido que siento por los grises y sus infinitos matices.

Admiro, así os lo digo, a toda esa peña que dice que vio correr a Senna y tuvo claro desde ese instante, que el paulista estaba llamado a marcar una página gigantesca en la historia de nuestro deporte. En mi infinita ingenuidad, siempre he sospechado que Ayrton evolucionaba sobre la pista junto a otros pilotos y resultaba complicado acertar a la primera, de ahí me perplejidad y también mi complejo de inferioridad, por qué negarlo. Me arrugo ante este tipo de personalidades que ven malos y buenos, como veía yo indios y vaqueros en las películas del viejo Telefunken de mi casa familiar en Santurce.

Yo me enamoro de tal o cual piloto, así os lo he contado siempre.

Comprendo que es bastante idiota admitirlo. No hay base alguna para sostener que el flechazo dé o no resultado, ni mucho menos capacidad humana como para mantener tan endeble posición contra viento y marea, si a lo largo de los años no acaba dando frutos aquella sensación totalmente pasional, irracional y primigenia. Entonces sí, si fuiste de los primeros en asistir al milagro puedes sacar pecho, con Senna, con Vettel o con el Kaiser, incluso con Fernando.

Pero a lo que iba, que soy de esos que llegan tarde a todos los sitios porque con tanto gris como me rodea, me entretengo demasiado, y así, descubrí al Dr. Ullrich cuando ya era ampliamente respetado y conocido. 

Pues bien, ese hombre a quien se ha llegado a comparar a Neubauer, el tipo que dominando una época de la Resistencia desde su puente de mando en Audi, era una completa leyenda porque se acercaba a felicitar a los pocos rivales que vencían a sus equipos, tuvo la desgracia el mes pasado, de proferir por radio un feo «Schieb ihn raus!» (¡Sácalo fuera!), que ejecutó con absoluta docilidad Timo Scheider, echando de la pista con su Audi a Pascal Wehrlein y Robert Wickens, ambos conduciendo sendos Mercedes, la enemiga de la de Ingolstadt en DTM. 

Las sanciones deberían suponer un ejemplo para la FIA. Scheider ha quedado excluido de la siguiente prueba en Rusia pero su coche puede correr aunque con otro piloto, casi con total seguridad, Antonio Giovinazzi. Audi asume una multa de 200.000 euros y pierde todos los puntos conseguidos hasta el momento. Y sin juicios públicos ni extravagancias, a Wolfgang Ullrich se le prohibe en lo que queda de temporada, pisar el paddock o comunicarse con su equipo durante las pruebas.

Audi ha anunciado ya que no va a reclamar y aunque haya muchos que no quieran verlo, en esta actitud también está el protagonista de esta entrada...

No sé qué será de los que lo vieron antes. Tampoco es que me importe mucho, la verdad. Pero os confieso que para mí estas cosas ni merman ni empañan su figura, ni un tanto así. Será que llegué tarde o que los indios hace tiempo que me gustan más que los vaqueros de película, o simplemente que pienso que alguna sombra tenía que tener Ullrich, ya que ni la luz ni la oscuridad son absolutos. En todo caso, ahora sabemos de qué pie cojeaba.

Os leo.