miércoles, 24 de junio de 2015

Un muerto muy vivo


Camino sobre las aguas, no sé si os habéis dado cuenta. Mi vida es otra a la que estáis acostumbrados, faltaría más. Y hoy, cuando sobre el circuito de Spielberg, McLaren y Fernando han demostrado que aquellas edades de las que nos hablaban los antiguos magos, podrían estar más cerca de lo que niegan día sí y día también nuestros sabios, me apetece echar la tarde escuchando el violín de David Oistrakh y recalando en ese pecio que responde al nombre de Kimi Raikkonen.

¿Quién dijo que está muerto? ¡Ah, sí, los que llevan tiempo diciendo que está sobrevalorado. Los que me robaron a mi novia, los que custodian una tumba huera donde no habita nadie, a cuya sombra vigila un viejo enano reposando sus brazos sobre un hacha de doble hoja, de doble filo, de doble sentido, que observa paciente cómo ante sus ojos bailan sobre el bulto de tierra los que cantan a entierro cuando el supuesto finado sólo tiene catarro!

Kimi habita una celda en el corredor de la muerte desde que llegara Sebastian a Maranello. Sus días están contados con ositos de peluche o con carbón de reyes de oriente.

Lo sabe, ¿cómo no iba a saberlo? También conoce que su sustituto será Jean Éric Vergne porque en La Scuderia ya tiene bastante con un ganador de Le Mans en sus filas, y entiende que el equipo te jode dos carreras, Charly la tercera, y a pesar de que en la cuarta y quinta entonas el do de pecho, la que cuenta es la última que disputas, sobre todo si a los resultados se supedita la renovación de tu contrato.

Hay confianzas que dan asco y la que ofreció Maurizio al finlandés es una de ellas. Llamado por Montezemolo a poner las pilas a Fernando, utilizado como excusa por Arrivabene por aquello de que no se notara para quién estaban haciendo realmente el auto, lo de Kimi es una muerte anunciada desde hace tiempo, así que sobran los aspavientos, que ni hemos nacido anteayer ni nos chupamos el dedo.

Raikkonen está fuera de la de Il Cavallino desde comienzo de temporada. Era una miserable cuestión de tiempo ver dónde se daba carpetazo al asunto. Y aunque hay auroras que insinúan a estas horas lo inevitable, convendría que nos armáramos de paciencia siquiera por ver qué da de sí, una mantis religiosa que sabe que sobra que su tempo ha terminado.

No sé, a lo mejor nos llevamos una sorpresa y todo.

Os leo.