domingo, 24 de noviembre de 2013

Wild child


Parece que fue ayer cuando Sebastian se mostraba ingenuamente atento en el cockpit del BMW Sauber de Kubica, pero han pasado ya seis años y unos meses en los que el niño ha desaparecido para dejar paso a un individuo que más joven que otros de los muchos que han abundado en las parrillas del Mundial de Pilotos, ha llegado a lo más alto del Olimpo.

Independientemente de que me guste más el café que el té, como hago todos los años por las mismas fechas acostumbro a dedicar unas líneas al vigente campeón del mundo porque dicen que hay que ser deportivo, aunque maldita la gracia que me hace verme en la obligación de mostrarme deportivo precisamente con un piloto que se ha beneficiado de una escudería que se pasa la deportividad por el forro de los aquellos.

No me lo toméis a mal. Así lo siento y así lo expreso a pesar de que lo políticamente correcto, sea plegarse en la actualidad al menú precocinado que acostumbra a servirnos siempre estofado enlatado, pero en cuyo envase puede verse hoy a Senna y mañana a Fangio según sean los aires del márketing que soplen, porque sin ellos en la etiqueta el contenido no resultaría identificable.

Identidad, eso es lo que le he pedido siempre a Vettel, ese cúmulo de peculiaridades que convierten a un piloto en un tipo reconocible a todas horas, así vaya en un misil o en un tractor. Y lo cierto es que por no amargaros la tarde con metralla innecesaria, me ido a buscar aquel crío en el que creí, cuando obviamente creía en él, al principio de los tiempos o casi, cuando aún no le habían convertido a su vez en la etiqueta de Red Bull como escudería y Sebastian avanzaba con pasos de gigante en su carrera profesional, con serias posibilidades de labrar su nombre entre los grandes sin necesidad de que un vehículo o un equipo lo eclipsaran.

Puesto que hay quienes admiten que su monoplaza no deja ver sus aptitudes y quienes supeditan su triunfo como conductor a la oración equipo+coche+piloto, me pregunto si no llevaremos algo de razón los que sin menoscabar su incuestionable calidad, como Alain Prost o Jackie Stewart preferiríamos verle sobre otra montura distinta o en otra escudería diferente, antes de decantar el fiel de nuestra balanza a un lado u otro.

Hoy ha vuelto a ocurrir en Interlagos. Sebastian, por la razón que sea, no llega a una parte de la afición a la Fórmula 1. En unos sitios le fríen a silbidos y en otros le abuchean o le rodean de silencio, y salvo sus incondicionales, quien más y quien menos querría verle en otras circunstancias. Lo que me lleva a interrogar si hay alguien que piense sinceramente en que si Sebastian no existiera o condujera en otro equipo, el éxito rotundo de Red Bull habría peligrado en estos últimos cuatro años… Yo no lo creo.

Sea como fuere, Seb es desde hoy y hasta el año que viene más o menos por noviembre, el actual campeón del mundo. Es también el tetracampeón más joven de la historia y un piloto como he dicho tantas veces: sobresaliente, pero sobre todo es ese chiquillo de la imagen que abre esta entrada, un tipo en todo caso, que no se merece los tiempos que le están tocando vivir porque mal que les pese a algunos, esta temporada ha sido el RB9 el que no nos ha dejado sus enormes cualidades, como en la anterior fue el RB8 y en las que antecedían a ésta, el RB6 y RB7.

En el RB5 pudimos verle, ahí creo que coincidimos todos. Conduciendo, sufriendo, disfrutando, ganando y perdiendo, al igual que le vimos sobre aquel Toro Rosso con el que firmó su primera victoria en Monza tras haber pasado un comienzo de sesión para olvidar, y por supuesto sobre el BMW Sauber de Robert, cuando él no etiquetaba sus monoplazas con nombres marranillos y desde luego, mucho antes de que Red Bull comenzara a etiquetarle a él para que nadie repare en lo sucias que pueden estar las enaguas del equipo.

Sé que wild child volverá en cualquier momento y lo que menos me importa es que lo haga sin batir récords o acumular campeonatos, al estilo de Lewis Hamilton, sólo espero que sea pronto. Por él, por nosotros y por el futuro de un deporte en el que hoy por hoy se cuestiona a un campeón del mundo.

En todo caso, ¡felicidades, Seb!


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