Volvámonos razonables durante un instante y reseteémonos (¡jodido palabro de raíces bárbaras, lo que me ha costado escribirlo!), porque el calor nos está afectando de mala manera.Reconozco que he empezado el día con mal pie. Como sabéis, soy lector de EL PAÍS, diario que ojeo mientras desayuno y en el tren que me lleva desde Portugalete a Bilbao (media hora en total, vamos, que la exposición no es preocupante), pero que compro para que mi cuñada Ana se haga a las tardes el crucigrama. Y el caso es que después de tragarme eso que escribe Don Joan Villadelprat en la sección de deportes, se me han quitado las ganas de meterme entre pecho y espalda lo expuesto a doble página por Don Oriol Puigdemont a cuenta de la carrera de Spa (encima salía Hamilton en fotografía a tamaño grandote), no fuera a ser que me diera un pampurrio y me quedara tieso en el sitio.
Total, que he cerrado los ojos como a la altura de Barakaldo (siete minutos más tarde de haber iniciado viaje) refugiándome en constructivos pensamientos, como el que me ha llevado a soñar que si en esta vida me ha sido negado poder ser tomado en serio por mis cuñados, tal vez en la próxima pueda darles para el pelo. ¿Quién sabe?
Ahora sin bromas. Todo esto del descarte de Vettel, Button y Alonso suena a muy apocalíptico y a demasiado precipitado, ¿no?
Fernando va quinto, a 41 puntos del nuevo líder del mundial, Hamilton, como a una carrera y media larga con la actual puntuación (50 puntos supondrían dos pruebas), y de suyo es asumible que Jenson y Sebastian, que están delante del asturiano en la tabla, anden a tiro de piedra de Lewis: carrera y diez puntos para el británico, y carrera y seis para el alemán. Nada, sintetizando.
Alonso está a 16,4 puntos del chico de las pelotas de oro según cuentas del año pasado, y quedan 6 pruebas por delante. Y voy a recordar brevemente que Schumacher recortó 25 puntos del año 2006 (más caros que los de ahora), en 6 carreras, precisamente (de Francia a China); y que Kimi apuró los que le quedan ahora a Fernando por delante, más o menos, en 2007 (de Turquía a Brasil), proclamándose campeón del mundo... ¿A qué viene tanto agobio entonces?
El Nano es un tipo especial, ya sé que no descubro nada, pero cuando ayer, en la rueda de prensa que algunos han dicho que se negó a dar, afirmó que todavía cree en sus posibilidades. No se había vuelto loco, sabía perfectamente lo que decía.
Hay trabajo por delante y hay que ponerse las pilas, pero conseguir el tercer entorchado es incluso un objetivo razonable a tenor de los benditos números que he expuesto, y si no que se lo pregunten a Button o a Vettel, quienes a buen seguro andarán rumiando sus respectivas venganzas, porque por mucho que se empeñen algunos en que creamos lo contrario, queda mucha tela por cortar y de momento sigue habiendo todavía cinco sastres dispuestos a ello. No hagamos mal las cuentas.






















