Vivimos un momento en la F1 en el que la importancia de la ingeniería parece haber eclipsado al pilotaje. Las recientes incorporaciones a la panoplia de avances técnológicos —el doble difusor ingeniado por el equipo de Ross Brawn, o del difusor térmico alentado desde las filas capitaneadas por Adrian Newey—, han incidido en este aspecto hasta el punto de desvirtuar un escenario en el que las cosas no son tan contrapuestas o excluyentes como parecen.Obviamente, la creación de un diseño solvente está en la base del éxito, pero también lo está la sensibilidad humana que es capaz de trasladar su eficacia al asfalto, porque día sí y día tambien surgen a nuestro alrededor evidencias que ponen de relieve que ni las grandes computadoras, ni los túneles de viento, ni los estudios más elaborados, son capaces de resolver el 100% de la ecuación, y este aspecto sobre el que se pasa de puntillas con demasida facilidad me parece de una crucial importancia porque basta echar un vistazo a la parrilla para vislumbrar de inmediato que las escuderías son las primeras en haber tomado buena nota al respecto, y para ser sincero, esta actitud no es nueva, sino que viene de lejos.
Enzo Ferrari, adalid de la importancia suprema de la máquina sobre el hombre, tenía mucho cuidado en poner a los mejores pilotos sobre los vehículos salidos de Maranello, y no reparaba en gastos en desembarazarse de aquellos tipos a los que no veía adecuados. Así las cosas, que Pedro se haya sumado a la aventura de Sauber, o que Fernando lo haya hecho a la de Ferrari, o incluso que Schumacher se haya implicado en el retorno de los plata a los circuitos, nos son meras casualidades, sino claros síntomas del nivel de apuesta que han manifestado sus escuderías en aras de obtener un desarrollo sostenido y afinado de los monoplazas que han puesto en sus manos, cuestión que en el caso de Ferrari y Mercedes adquiere una solidez estimable, sea dicho de paso, pues Massa y Rosberg, respectivamente, aportan a sus equipos una baraja de garantías extras bastante reseñable.
Al hilo de lo comentado, este tipo de acercamiento nos permite ver también las debilidades de sus principles rivales. Red Bull, por ejemplo, manteniendo la cuadra que defendió los colores el año pasado se la está jugando éste en base a una continuidad que tiene fisuras, porque su esquema depende en exceso de la comprensión del coche que atesora el jovencísimo Vettel, ya que Webber no es un afinador nato. Y en el caso de McLaren, la sensación que produce confiar tanto en Button y Hamilton, sin el apoyo de Pedro en la retaguardia, es en cierto modo escalofriante, por suicida…
Lógicamente, todavía es demasiado temprano como para sacar conclusiones sin arriesgarse a pillarse los dedos, así que con vuestro permiso no lo voy a hacer. Mañana acabaremos de completar las sesiones de entrenamientos previos al lanzamiento de la temporada, y la percepción global sigue siendo muy similar a las obtenidas en años anteriores: las escuderías grandes arriba, y el resto repartiéndose como buenamente pueden en los puestos que quedan; de manera que como de costumbre, habrá que sentarse a esperar a que comiencen las carreras para empezar a ver cuál es el puesto real que ocupa cada equipo, pero de una cosa sí estoy seguro: de que poco a poco se irán desmarcando aquellas propuestas que pivotan tanto sobre la bondad de sus monoplazas como en la de los hombres que las conducen. ¡Al tiempo!

















